En el Pirineo aragonés, Huesca, España, a pocos kilómetros de la frontera con Francia y en el corazón del valle de Canfranc, se alza un edificio que desafía una clasificación convencional. No es una estación de tren, aunque lo fue. Tampoco es un hotel al uso, aunque funciona como tal desde 2023. Se trata, más bien, de un testimonio de piedra, hierro y cristal de los sueños de conexión entre dos países vecinos. Ahora, los restos de aquel sueño se han transformado en un refugio de lujo contemporáneo. Hablamos del hotel Canfranc Estación.
Barceló Hotel Group opera Canfranc Estación en la actualidad, al amparo de su marca Royal Hideaway. El establecimiento ocupa la antigua Estación Internacional de Canfranc, inaugurada el 18 de julio de 1928 con la presencia del rey Alfonso XIII y del presidente de la República francesa, Gaston Doumergue. Ideada inicialmente como un ambicioso paso ferroviario a través de los Pirineos, la estación fue uno de los complejos ferroviarios más importantes de Europa en el primer tercio del siglo XX. Su arquitectura es deudora del estilo Beaux-Arts, cercana a la de estaciones francesas decimonónicas como el actual Musée d’Orsay.
Por su ubicación en territorio fronterizo, el edificio de Canfranc Estación sirvió de frontera compartida. Cada país, Francia y España, ocupaba una de sus mitades y disponía de sus propias taquillas, aduanas y oficinas. Quizá porque se concibió desde el principio como una estación de tren fronteriza, el edificio, de 241 m de longitud, cuenta con 75 puertas a cada lado. Una gran cúpula de fundición ocupa el eje central. Por último, lo coronan tejados de pizarra y buhardillas que evocan la arquitectura palaciega francesa.
El esplendor de Canfranc, sin embargo, duró menos de lo esperado. La crisis de 1929, un incendio en 1931 y, sobre todo, su cierre al tráfico internacional en 1970 —debido al derrumbe del puente de L’Estanguet en el lado francés— condenaron al edificio a un progresivo deterioro durante más de 50 años. Pero la historia de la estación no se agota en su arquitectura. Durante la Segunda Guerra Mundial, Canfranc entró a formar parte de los escenarios de la historia universal del siglo XX. De hecho, pocas estaciones europeas albergaron tantas historias de espionaje, contrabando y evasión como la de Canfranc, un escenario novelesco que ha inspirado libros, documentales y películas. El monumental edificio de la estación recibió finalmente un merecido respaldo cuando el Departamento de Cultura y Turismo del Gobierno de Aragón lo declaró Bien de Interés Cultural en 2002 y, finalmente, cuando lo adquirió y puso en marcha un ambicioso proyecto de rehabilitación en 2013.
El encargo de transformar el espacio de los interiores recayó en el estudio de interiorismo ILMIODESIGN. Este se inspiró en el diseño de los grandes trenes de lujo de los años 20 y en la propia historia del edificio. El trabajo de rehabilitación respetó escrupulosamente la arquitectura original del edificio, con sus fachadas rozagantes, su conspicua cúpula y sus amplios ventanales, mientras que el interior combinaba materiales nobles como madera y latón, terciopelos y una paleta cromática que evoca la época dorada del ferrocarril. Por lo demás, la recuperación fue reconocida con el galardón Re Think Hotel a la mejor rehabilitación hotelera de España. Hoy, el hotel Canfranc Estación conserva su origen histórico, eso sí, adaptado a las exigencias de un hotel de 5 estrellas de gran lujo.
Dispone de 104 habitaciones y suites, diseñadas en un estilo clásico contemporáneo con detalles Art déco, todas ellas abiertas a las vistas de las montañas o de las antiguas vías del tren. Entre las atracciones del hotel destacan el espacio de bienestar, con piscina climatizada, gimnasio y zona de tratamientos, y una imponente biblioteca que hace las veces de coctelería. La oferta gastronómica es otro de los pilares del proyecto. El hotel cuenta con tres restaurantes: Canfranc Express, galardonado con una estrella Michelin y un Sol de la Guía Repsol. En él, el chef Eduardo Salanova y la directora de sala Ana Acín reinterpretan la tradición culinaria aragonesa con técnicas de vanguardia. Por su parte, 1928, con la particularidad de su ubicación en un vagón histórico restaurado, rinde homenaje al banquete inaugural de la estación con una propuesta de cocina francesa y de productos de cercanía. El Internacional, por último, ofrece una experiencia más informal con recetas clásicas e internacionales.
En 2024, la Guía Michelin distinguió a Canfranc Estación con una Llave por su singularidad como hotel. Un año después, en 2025, el hotel recibió su segunda Llave Michelin, el único hotel en España que ascendió de categoría en aquella edición. Su director, Alain Lago, celebró entonces la distinción porque acreditaba al hotel como «uno de los establecimientos más excepcionales del mundo, donde se combinan carácter, personalidad, encanto, arquitectura única y una experiencia verdaderamente inolvidable».
El alcalde de Canfranc, Fernando Sánchez, artífice de la recuperación del edificio, afirmó que este «es y será público», pese a su explotación hotelera, como un valor patrimonial que trasciende el uso privado. Canfranc Estación, cuya inauguración calificó el Financial Times como «una de las mejores aperturas del mundo», es hoy un destino en sí mismo, un lugar donde el lujo contemporáneo forma una unidad con la historia del ferrocarril y la arquitectura industrial. Dicho de otra forma, un viaje a los años 20 del siglo pasado, pero con todas las comodidades del presente.
Fuentes: Barceló Hotel Group, Wikipedia, NAN Arquitectura, Guía Michelin, Cadena SER, Diario del Alto Aragón.
Imágenes: Canfranc Estación Hotel.



























