«El oratorio interreligioso huele a cueva y la humedad nos hace sudar a todos. Antonio (…) quiere que guardemos un minuto de silencio y reflexión tras casi tres horas de una entrevista que se ha desarrollado con sentido del humor y pasión». Así describe Furioso Studio Magazine un episodio del encuentro que tuvo con Antonio Cortés Ferrando, arquitecto creador de Espai Verd, el proyecto del que queremos hablaros. Este desarrollo residencial que se eleva en el barrio de Benimaclet, entre la ciudad y la huerta de Alboraya, en Valencia, España, es uno de esos edificios singulares e históricos que provocan una reacción inmediata al tropezar con él: desconcierto, admiración, la extraña sensación de haber entrado en un lugar que no debería existir y que, sin embargo, está ahí… En fin, a eso precisamente os animamos, a tropezar juntos con él.

El sueño de una cena entre amigos

La historia comienza, como tantas buenas historias, en una francachela alrededor de una mesa. «Espai Verd nació en una cena entre amigos», seguimos a Furioso Studio Magazine y su entrevista a Cortés Ferrando, «pensábamos que podíamos crear una cooperativa de propietarios en la que todos tomáramos decisiones». La audaz idea resultó ser la de construir viviendas con jardín, como chalets, pero dispuestas en altura y vinculadas al núcleo urbano de la ciudad de Valencia.

Según relata el propio Cortés, él y los arquitectos del estudio de arquitectura CSPT —él junto a Alfonso Serrano, Salvador Pérez y Toni Carrascosa— dedicaron más de 2 años a estudiar las primeras ideas y encajar el puzzle de los primeros esbozos. Ya que no había un promotor privado que buscara rendimientos económicos, como en un proyecto inmobiliario al uso, pudieron experimentar y buscar el mejor hábitat posible para los residentes. Eso les permitió desde el principio dedicar a zonas verdes y de socialización gran parte de la superficie construible. El Proyecto Básico se completó en 1984. La construcción se organizó en 4 fases, de las cuales, las dos primeras se entregaron en 1992 y las 2 últimas en 1994.

Una «ciudad compacta»

Cortés definía Espai Verd como una «ciudad compacta», un lugar donde lo privado y lo público tienen el mismo valor. Una ciudad de 108 viviendas, distribuidas en forma escalonada, con alturas que van de las 5 plantas en su fachada sur hasta las 15 en la norte. Hay apartamentos de una planta, dúplex, tríplex e incluso algunos cuádruplex. Cada una de estas viviendas dispone de una terraza ajardinada de unos 90 o 95 m2, con entre 60 y 70 cm de tierra vegetal, suficiente para plantar árboles. En total, Espai Verd cuenta con unos 4.000 m2 de zonas verdes repartidas en calles ajardinadas, miradores, zonas de esparcimiento y terrazas. El corredor que da acceso a las viviendas en la cuarta planta es a la vez una pista para correr y hacer deporte. «Si das cuatro vueltas a esta pista, has hecho un kilómetro», precisaba Cortés entre risas a Furioso Studio Magazine.

Naturaleza como estructura

Una gran fuente con cascadas que crea un microclima húmedo y fresco en la entrada del edificio. Una montaña artificial de unos cuatro pisos de altura en el patio interior, formada con la tierra extraída de la excavación del aparcamiento. Sobre ella y alrededor, pinos, cipreses, palmeras, olivos… Una gran piscina comunitaria más arriba. Y sobre las terrazas de cada vivienda, árboles con raíces que crecen y dan sombra. Sin embargo, las decisiones de diseño que llevaron a ese resultado representaron un auténtico desafío técnico.

El peso de la tierra y de los árboles —sin olvidar su previsible crecimiento— exigió una estructura de hormigón con pilares de 40 a 70 cm de sección, ménsulas con caras de más de 1,20 m, placas prefabricadas de gran formato, todo para soportar cargas muy superiores a las habituales en un edificio residencial. Cortés, que compaginaba la arquitectura con una pasión poco común en la época por la informática, desarrolló el llamado «Programa de Cálculo Experto», un programa informático específico para calcular estructuras. Aquella fue una de las primeras aplicaciones de la programación en el cálculo de estructuras, en España y, probablemente, en Europa.

Decisiones controvertidas y audacia de un arquitecto

Una decisión que despertó la controversia fue el giro de 45º del edificio respecto de la orientación de la trama urbana existente. «En la época tuvimos muchas críticas de académicos conservadores», recuerda a Furioso Studio Magazine. Con ese giro, más funcional que formal, el arquitecto buscaba el mejor punto de fuga para el clima mediterráneo de la ciudad de Valencia: el del sureste; permite el máximo asoleo por la mañana y protege del calor excesivo por la tarde. Los jardines colgantes podían así prosperar, sin estar expuestos al norte estricto.

El arquitecto humanista

Antonio Cortés Ferrando —nacido en Callosa d’en Sarrià (Alicante) en 1949 y titulado en Arquitectura en 1974 por la Universidad Politécnica de Valencia— nos ayuda a entender Espai Verd: «en la escuela, mis maestros me enseñaron que en arquitectura hay tres grandes espacios: el matemático, que es el espacio destinado a los objetos; el vivencial, el que será ocupado por el habitante, y el sagrado, donde el habitante tiene su experiencia más completa: física, social, intelectual y espiritual. Este último espacio es el que más me ha interesado siempre». Ese interés por el espacio sagrado se materializa en Espai Verd, entre otras cosas, en ese oratorio interreligioso que mencionamos al inicio de este… tropiezo.

Sin embargo, además del carácter espiritual del edificio, Espai Verd también cuenta con un cariz visionario: Cortés instaló banda ancha en el edificio cuando casi nadie sabía lo que era internet. Además, dotó a cada vivienda de un estudio con acceso independiente, en un momento en el que nadie sospechaba que en el futuro se trabajaría desde casa. A pesar de todo, todavía hoy quedan algunas fases por completar: el centro social con gimnasio, los conductos robóticos de separación de residuos y alguna cosa más.

Un edificio vivo

Algunos vecinos se quejan de las hojas, los frutos y las ramas que caen de los árboles, una cuestión que ha llevado en algunos casos, con el paso de los años, a la sustitución de parte de la tierra vegetal de sus terrazas por baldosas o césped sintético. Pero es que Espai Verd es, ante todo, un ecosistema y tiene su propia fauna: un panel en el edificio lista todas las especies de aves que habitan en él, incluidos cernícalos, prácticamente inexistentes en otros puntos de la ciudad.

Al finalizar la entrevista con Furioso Studio Magazine, Cortés lanzó una pregunta que resume todo lo dicho: «Mira hacia arriba, ¿a que es como una catedral?». Y efectivamente lo parece: una catedral brutalista de bóveda vegetal, un espacio sagrado que se eleva hacia el cielo. Una utopía hecha realidad en un barrio de Valencia.

Fuentes: Furioso Studio Magazine, Hidden Architecture, Architectural Digest España.

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