Unos edificios de madera que parecen barcos encallados apenas se aprecian entre la densa vegetación. Se encuentran en Novo Airão, una pequeña localidad situada 180 km al noroeste de Manaos, capital del estado de Amazonas, en Brasil, frente al Parque Nacional Anavilhanas y a orillas del río Negro —respectivamente, el segundo archipiélago fluvial más grande del mundo, con más de 400 islas, y el afluente más caudaloso del río Amazonas—. Pero la apariencia de esos edificios no es casual, sino que responde a una historia particular, como comprobaréis enseguida. Se trata del Mirante do Gavião Amazon Lodge, un hotel que, más allá del confort de sus habitaciones y la agradable sencillez de sus acogedores espacios, propone una lectura poco común de lo que significa construir en un entorno de alta sensibilidad ecológica.
En efecto, el Mirante do Gavião fue inicialmente un mero punto de apoyo para los cruceros turísticos «de bajo impacto» que organiza Expedição Katerre, con sede en Novo Airão desde 2004. Sin embargo, tras su inauguración en agosto de 2014, su diseño —galardonado ese mismo año con el primer premio de la Asociación Brasileña de Arquitectos de Empresas, en la categoría de Edificio Comercial—, obra del estudio de arquitectura Atelier O’Reilly Architecture & Partners, atrajo tanta atención que dejó pronto de ser un complemento para convertirse en un destino en sí mismo. Pero veamos esa historia particular que llevó al Mirante do Gavião a ser lo que es hoy:
Resulta que algunas de las familias de la comunidad ribereña de Novo Airão se han dedicado tradicionalmente a la construcción de barcos de madera, un oficio que se ha transmitido de padres a hijos a lo largo de numerosas generaciones. Cuando llegó el momento de elaborar un diseño para el lodge, sus arquitectos, tras la pertinente investigación, fueron conscientes del contexto donde debía erigirse. Así, el estudio de arquitectura comprobó la escasez entre los miembros de la población local de mano de obra especializada en la construcción convencional.
Fue entonces cuando los arquitectos se preguntaron cómo podían convertir su saber —la construcción de barcos— en arquitectura habitable. Y dieron respuesta a su pregunta con el diseño del Mirante do Gavião. Durante 2 años, el proyecto empleó a 60 personas de la ciudad, todas capacitadas y supervisadas por artesanos locales con experiencia en tecnología naval. Por eso, los edificios resultantes han acabado por tener la apariencia de cascos de barco invertidos. La madera para la construcción, probablemente de itaúba —una de las más abundantes en la región, utilizada profusamente en la construcción de barcos por su extraordinaria calidad y dureza—, procede en todo caso de explotaciones de reforestación, en un contexto en que la selva sufre una presión constante.
Las terrazas, los espacios, las habitaciones y los pequeños apartamentos se elevaron sobre pilotes, igual que las casas tradicionales de la región. De esa manera, mantienen la permeabilidad del suelo, favorecen el crecimiento libre de la vegetación y la circulación del aire, la cual ayuda a que se reduzca la humedad y la temperatura en los interiores. Las pasarelas, también elevadas, conectan las diferentes áreas sin necesidad de alterar la topografía. El sistema eléctrico y el calentamiento de agua, por lo demás, funcionan con energía solar. Los residuos orgánicos se destinan al compostaje. El hotel también cuenta con una huerta orgánica y tratamiento de efluentes.
El paisajismo que abraza suavemente al Mirante do Gavião corrió a cargo de Studio Clariça Lima. Este tomó inspiración de las ilustraciones botánicas de la inglesa Margaret Mee, quien documentó a lo largo de décadas la flora amazónica. El encargo, sencillo en su enunciado, era complejo en su ejecución: crear el entorno más natural posible. Studio Clariça Lima aprovechó los árboles que aún se conservaban y priorizó las especies de flora nativa, bien adaptadas al entorno. De esa manera, el paisajismo del lodge consume menos recursos hídricos y proporciona sustento y estabilidad al ecosistema regional.
En 2019, el Mirante do Gavião se amplió hasta alcanzar un total de 13 unidades de alojamiento. La reestructuración incluyó la creación de una sala de estar y una zona de hamacas y juegos, así como otros espacios de ocio, miradores con vistas al río, una piscina y un restaurante. 45 personas de la propia comunidad de Novo Airão, formadas para ofrecer un servicio que los responsables describen como cercano a los estándares internacionales, forman el equipo que opera el hotel.
En 2025, Ruy Carlos Tone, socio del lodge, recibió el premio PURE Life Experiences en la categoría Change Maker Award —el máximo galardón del evento—, un reconocimiento a su labor como agente de transformación regional. Tone es el creador del proyecto Educación Ribeirinha, que ya ha construido 23 escuelas en comunidades a lo largo del río Negro. El premio subraya la convicción que Mirante do Gavião aplica desde su origen: la educación como fundamento para preservar el bosque y garantizar un futuro a las nuevas generaciones.
El lodge apoya además a la Fundación Almerinda Malaquias, una organización que genera ingresos para más de 40 familias de artesanos mediante talleres de reutilización de restos de madera y reciclaje de papel, así como una escuela de conservación ambiental. Las artesanías elaboradas de esta manera pueblan el diseño interior del hotel, junto con acabados de fibra natural y muebles de madera con detalles de marquetería.
El nombre, Mirante do Gavião, o «mirador del halcón», alude a la idea de que el hotel, según decisión consciente en la fase de proyecto, ofrece a los huéspedes un punto elevado de más de 15 m de altura para contemplar la selva y disfrutar de una memorable puesta de sol sobre el río Negro y el archipiélago de Anavilhanas.
Fuentes: Mirante do Gavião, Atelier O’Reilly Architecture & Partners, Studio Clariça Lima, CNN Brasil.
Imágenes: Mirante do Gavião y Atelier O’Reilly.





































