La información geoespacial es fundamental para la operación de lo que conocemos con el término emergente —y, por tanto, sujeto a variaciones— de «ciudad inteligente». Esa información la conforman datos geográficos necesarios para tomar decisiones estratégicas, con la vista puesta en el objetivo de construir centros urbanos más eficientes, sostenibles y resilientes. Se trata de un sistema en el que convergen diversos campos del conocimiento, cuya función es la recolección, administración, interpretación y representación de información geográfica.

Efectivamente, plataformas ubicadas en la nube, integradas con modelos digitales geoespaciales, permiten a las autoridades municipales supervisar y gestionar con una precisión sin precedentes las redes de alumbrado, otras infraestructuras críticas y los programas de mantenimiento. En consecuencia, la asignación de recursos se realiza racionalmente, mientras se anticipan las necesidades de la comunidad urbana.

A menudo, en el ámbito de la planificación urbanística, los análisis espaciales avanzados revelan patrones, en la distribución poblacional, en el uso de suelo y en las características topográficas, invisibles de otra forma. Esta información permite decidir la ubicación de equipamientos públicos, zonas verdes y desarrollos residenciales de acuerdo con un equilibrio entre accesibilidad y preservación ambiental. El resultado son ciudades que crecen de forma orgánica y respetan sus frágiles ecosistemas.

La movilidad urbana es otra de las cuestiones que, gracias a la monitorización geoespacial en tiempo real, experimenta una importante transformación. Sistemas inteligentes procesan flujos de tráfico, reconfiguran rutas de transporte público y guían a los conductores hacia opciones más eficientes. Con ello, reducen las congestiones y las emisiones contaminantes. En situaciones de emergencia o desastre natural, estos mismos sistemas son una herramienta vital para coordinar respuestas y gestionarlas con máxima eficacia.

La tecnología geoespacial también ayuda a democratizar la gestión urbana. Determinadas aplicaciones permiten reportar incidencias, proponer mejoras y participar activamente en el diseño del espacio urbano. Es una suerte de lenguaje común que conecta infraestructuras, servicios y ciudadanos. Sin embargo, este prometedor sistema cuenta con desafíos: la protección de datos sensibles, las dificultades de estandarización entre plataformas, o la formación de profesionales especializados son solo algunos de esos retos.

Por David González Molina, gestor BIM en el Dpto. de Arquitectura de Amusement Logic

¿Le ha gustado la noticia? ¡Compártala en sus redes!