Desde el punto de vista de la ingeniería, los edificios sufren daños estructurales debido a su antigüedad, su deterioro, o por estar expuestos a esfuerzos extremos como terremotos, vientos huracanados, sobrecargas indebidas, explosiones u otros. Ese deterioro llega en ocasiones a tales extremos que es necesario evaluar, mediante el correspondiente análisis de ingeniería, la posibilidad de reparar los daños o declarar directamente dichos edificios en ruinas.

Este es el desafío de la ingeniería estructural, un reto que implica evaluar los materiales del edificio dañado para comprobar si conservan todavía su resistencia. Es precisamente el análisis de ingeniería el que debe determinar adecuadamente el estado de la estructura dañada. Sin embargo, la declaración de ruina no solo depende de la posibilidad técnica de la restauración del edificio ni, por ende, de ese análisis de ingeniería.

Efectivamente, la cuestión determinante radica en el coste de la reparación o restauración, es decir, en la circunstancia de que sea económicamente viable o de que su coste sea tan elevado que obligue a declarar el edificio en ruinas. Si el coste de restauración supera el 50% del valor del edificio, se considera que no es viable.

En todo caso, para determinar el estado de ruina de un edificio, intervienen además consideraciones legales, urbanísticas y las relacionadas con las compañías aseguradoras. La combinación de todas estas variables, junto con el asesoramiento técnico y el análisis de ingeniería, conduce a la decisión final de proceder con las restauraciones necesarias o, por el contrario, con la demolición del edificio.

Por Jorge Laguna, jefe de la sección de estructuras del Dpto. de Arquitectura de Amusement Logic

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