Published On: 19.01.2023|Categories: Artículos|Tags: , |

Cuando, a finales de la dinastía Song (960-1279), la capital de la corte imperial se trasladó a la ciudad meridional de Lin’an (actual Hangzhou), en la provincia de Zhejiang, los comerciantes de Huizhou se encontraron en una posición excepcional para llevar a cabo sus negocios. Su residencia cerca de la capital imperial les permitió transportar fácilmente sus mercancías, ya fuera por carretera o por río, y comerciar en los incipientes mercados que distribuían bienes a todos los rincones del imperio. Según los registros históricos, los comerciantes de Huizhou se dedicaban al tráfico de té, sal, papel, tinta, seda, tela, madera, pintura y cerámica. A partir de ese momento, comenzaron a enriquecerse y, ya durante la dinastía Ming (1368-1664), cuando alcanzaron un período de esplendor, regresaron a sus pueblos de origen con grandes fortunas.

Muchos de aquellos antiguos comerciantes eran hombres de negocios bien educados, que cultivaban las relaciones con los eruditos del momento, ellos mismos cultos a menudo. Un buen número llegó incluso a ser funcionario de la corte del imperio. Así, cuando regresaron a sus lugares de origen en Anhui, además de sus residencias, dedicaron una parte de su fortuna a la construcción de jardines, academias, salas honoríficas para sus familias, templos y monumentos conmemorativos. La arquitectura de todas estas edificaciones compartía un estilo local que los artesanos, tallistas, arquitectos y demás profesionales dominaban y conocían por tradición. Así nació, al sur de la provincia de Anhui, en la histórica prefectura de Huizhou (no confundir con la ciudad-prefectura de mismo nombre, en la provincia de Cantón, más al sur), y en partes de las vecinas Zhejiang y Jiangxi, uno de los principales estilos arquitectónicos de la antigüedad en China, la arquitectura Hui.

Ladrillo, maderas y piedra son las materias primas del estilo Hui; en el exterior de las residencias, las paredes blancas con coronaciones, tejados y elementos en piedra negra ofrecen un diseño sobrio, de aspecto sencillo y elegante; en interiores, el edificio se resuelve con una distribución en torno a un patio central que sirve para la iluminación y la ventilación de las estancias, además de la recogida de agua; grandes vigas de madera, frecuentemente pintadas, ligeramente arqueadas en lo que se conoce comúnmente como «viga china de sandía», hacen la función de estructura portante, tanto en el patio como en los dos pisos habituales y las habitaciones.

Un elemento distintivo de la arquitectura residencial Hui es la prolongación vertical de los lienzos exteriores más allá de los tejados a dos aguas. En los extremos, esta extensión forma las coronaciones conocidas como «cabeza de caballo» (matouqiang), características del estilo Hui. Este método de construcción en particular, con los muros que sobrevuelan los edificios, se tomó como barrera contra incendios, para evitar que estos se propagaran a través de los tejados de madera. Al mismo tiempo, servían muy bien para la protección contra el viento y la lluvia.

En arquitectura Hui, por lo demás, los artesanos tradicionales ejercieron con suma delicadeza tres tipos de labrado para conferir elegancia y solemnidad al edificio: la talla de ladrillo, la talla de madera y la talla de piedra. El labrado de ladrillo se destinaba a los portales, marcos y dinteles de puertas, aleros y tejados. La talla de madera, en cambio, se ejecutaba sobre vigas, ventanas y puertas. Mientras tanto, el labrado de la piedra se utilizaba principalmente para decorar columnas, paredes y arcos. Los motivos decorativos son numerosos, desde figuras humanas, paisajes, flores, animales y peces, hasta personajes folclóricos, de óperas famosas, escenas de cuentos populares, mitos y leyendas, o escenas de la vida cotidiana como la pesca, la agricultura, los festines, los viajes y los bailes.

Por último, cabe mencionar la simbología que encierra la arquitectura Hui. Por ejemplo, el agua es símbolo de riqueza en China, por lo que no es casual el hecho de que los tejados recojan el agua de lluvia hacia el patio central de la casa. Con ello se quiere propiciar que la fortuna se «escurra» hacia el interior, o, tal como refiere una expresión china, que «el agua vuelva a la casa por los cuatro lados». Además, la arquitectura Hui refleja un simbolismo relacionado con la geomancia originaria del taoísmo, o feng shui. Así, se dice que los comerciantes de Huizhou utilizaban brújulas (un invento chino del siglo II, por cierto) para seleccionar cuidadosamente el lugar de construcción de su residencia, además de su orientación y distribución. De esa manera se aseguraban de vivir en armonía con la naturaleza.

Solo queda añadir que, si viajáis a China y queréis contemplar la arquitectura Hui, la aldea de Xidi, en el condado de Yixian, es un lugar ideal. Se trata de uno de los muchos pueblos antiguos de Anhui catalogado colectivamente como Patrimonio Cultural de la Humanidad por la UNESCO.

Fuentes: China Today, China Educational Tours, Asia Cultural Travel, China Daily, Wikipedia. Imágenes: UNESCO y Wikipedia.