Published On: 06.10.2021|Categories: Artículos|Tags: , |

La etnia suajili se extiende por el este de África, principalmente las costas e islas de Kenia, Tanzania y norte de Mozambique. Aunque el número de sus individuos es de 1,8 millones según datos de Joshua Project, distintas estimaciones señalan que más de 100 millones de personas hablan el idioma suajili, repartidas entre Tanzania y Kenia y zonas limítrofes de Uganda, Mozambique, República Democrática del Congo, Ruanda, Burundi, Somalia, Zambia, Malaui y el norte de Madagascar. Sin embargo, el idioma, que nació en la costa africana del Océano Índico entre los siglos VIII y XII de la era cristiana, fruto de la interacción entre grupos de bantúes, árabes y persas, no es el único legado suajili. Su influencia, de cuya envergadura da una idea la difusión de su lengua, se extiende a la arquitectura de toda la zona geográfica.

Se encuentran numerosos ejemplos de la arquitectura suajili en los centros urbanos de Mombasa, Lamu y Malindi en Kenia, o Songo Mnara, Kilwa Kisiwani y Zanzíbar, en Tanzania (de hecho, Lamu, Zanzíbar y Kilwa han sido declarados Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO), aunque su influencia se extiende desde Mozambique al sur, hasta Somalia al norte. De la misma forma que el idioma, la arquitectura suajili es una representación de la combinación cultural de elementos del África continental con otros de la Península Arábiga y del sur de Asia. Y el Islam desempeña un papel importante en la planificación urbana de las ciudades suajilis. Organizadas en distritos divididos por murallas, la mezquita representa el centro de cada barrio, del que parten las calles principales, característicamente estrechas, hacia el norte, el sur, el este y el oeste.

 

Típico de la arquitectura suajili es el uso de piedra caliza coralina en muros de mampostería, combinados con vigas de mangle para sostener los techos y tejados, y erigidos con morteros de cal, arena y tierra roja. Tanto la piedra caliza como el mangle y los morteros son todos materiales locales. Por lo demás, el color blanco prevalece en las fachadas y los muros de la arquitectura suajili, lo que, junto con los materiales mencionados, ayuda a proteger el interior del clima cálido costero. Otro de sus elementos distintivos son las puertas de madera labrada con ricas decoraciones, en quicios rectangulares con dinteles rectos. Era habitual tallar en estos, en alfabeto árabe, una cita del Corán o información sobre el respetable propietario de la casa. Sin embargo, los arcos en puertas y vanos, de influencia tardía, se hicieron más frecuentes a partir del siglo XIX.

El interior de las casas se distribuye en torno a un patio central, con el espacio de la vivienda asociado a un pórtico oculto por un muro y separado de las estancias abiertas al público. Los patios son un recurso más para refrescar la vivienda, a la vez que un elemento clave para la privacidad. Las persianas de madera que cubren los vanos permiten la entrada suave de la luz del día. Son frecuentes también los balcones ornamentados y los bancos de obra adosados a la fachada principal del edificio.

La influencia de la arquitectura suajili sigue vigente y, como demuestra la protección de la UNESCO de muchas de sus manifestaciones, representa un valor cultural y urbano, y un recurso turístico y paisajístico de primer orden. Quizá por eso, bien a través de la restauración de edificios antiguos o de la construcción de nuevos, muchos hoteles y resorts adoptan el estilo suajili, un estilo tradicional que ejemplifica el intercambio cultural y la adaptación a las condiciones climáticas en su área geográfica. Quizá solo queda por decir una cosa: hakuna matata.

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