Hoteles del mundo: Barin Ski Resort, Irán

Arquitectura empática, resultado de un diálogo fluido y consciente, y lleno de susurros, con la naturaleza.

Hoteles del mundo: Barin Ski Resort, Irán

Arquitectura empática, resultado de un diálogo fluido y consciente, y lleno de susurros, con la naturaleza.

Hoteles del mundo: Barin Ski Resort, Irán

Hoteles del mundo: Barin Ski Resort, Irán

Arquitectura empática, resultado de un diálogo fluido y consciente, y lleno de susurros, con la naturaleza.

En la cota de los 2.500 m de altitud de las montañas Alborz, a apenas una hora hacia el norte desde el centro de la ciudad de Teherán, en Irán, una estructura desafía la geometría tradicional y, también, nuestra idea de lo que es un hotel resort de montaña. El Barin Ski Resort es en parte eso, un refugio para esquiadores, entre montañas nevadas, situado cerca de Shemshak, la segunda estación de esquí más importante del país. Pero no, no es simplemente un hotel resort; es, además, la materialización de una arquitectura empática —¿un nuevo tipo de arquitectura?—, resultado de un diálogo fluido y consciente, y lleno de susurros, con la naturaleza.

El estudio de arquitectura RYRA Studio (de los arquitectos Abbas Riahi Fard y Farinaz Razavi Nikoo) se enfrentó a un desafío singular cuando el promotor Mojtaba Tanha and Partners les hizo el encargo en 2008. A partir de una estructura ya construida, y con planta y alzado rectangulares, los arquitectos debían crear «un lugar cálido y acogedor» para jóvenes esquiadores, un edificio que no fuera «indiferente a su entorno». La respuesta no vino de la arquitectura convencional, sino de la observación del paisaje y de soluciones vernáculas. Los iglús de las regiones árticas —una respuesta orgánica de los humanos a un entorno hostil de hielo— y las formas fluidas que esculpe la nieve sobre el terreno sirvieron de modelo. Al fin y al cabo, el edificio debía ser parte de la naturaleza, no un elemento separado de ella.

El resultado fue el complejo turístico de esquí de 10 plantas y 67 habitaciones que parece «arrastrado por el viento hasta la ladera de la montaña». Esa metamorfosis es aún más notable en el interior. El diseño de cada una de esas 67 unidades, que van de estudios de 45 m² a áticos de 270 m², hace de ellas cuevas talladas en bloques de hielo. Su forma abovedada, que recuerda a los iglús, se logró técnicamente mediante capas horizontales de planchas de Corian —mezcla homogénea de trihidrato de aluminio y polímeros acrílicos— y MDF —siglas en inglés para Tablero de Fibra de Densidad Media—, cortadas con láser.

Así pues, la experiencia espacial viene determinada por la continuidad de las formas orgánicas. Los pasillos y las estancias fluyen sin ángulos rectos, mientras que las «ventanas con forma de canto rodado» enmarcan vistas espectaculares de la cordillera. El predominio del blanco, por su parte, refuerza la metáfora de la humilde nieve, que lo cubre y unifica todo al caer del cielo. En consecuencia, ya no es un edificio que ocupa un lugar, sino que parece brotar de él.

Fuentes: Iranian Architect, Teenyabode, RYRA Studio (IG), Uniq Hotels.
Imágenes: Parham Taghioff vía RYRA Studio, Iranian Architect y Uniq Hotels.

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