Con esta propuesta, el Departamento de Diseño de Amusement Logic hace del espacio público una especie de topografía blanda, fluida y continua. Las formas se prolongan, se elevan, se pliegan y descienden como si el propio terreno se desperezara; como si respirara e invitara con sus exhalaciones al descanso, al paseo o al juego; sin jerarquías ni límites definidos. No son bancos, son superficies que acogen de forma natural, casi con una caricia, a las miradas y los cuerpos de los transeúntes.
El proyecto se decide por una infraestructura emocional, una especie de carne urbana en la que se deposita armoniosamente el arte, el paisaje y la ergonomía. El lenguaje formal, casi líquido, sugiere movimiento incluso cuando todo está en silencio. Los materiales resisten el tiempo y el uso, pero también reflejan la luz y, en ese juego, producen una experiencia visual cambiante a lo largo del día.
El diseño propone una nueva manera de entender el espacio público: un interregno entre lo funcional y lo poético. Un lugar donde se diluyen las fronteras entre la arquitectura y el arte escultórico, donde la ciudad se vuelve amable, acariciante, táctil… y participativa.
Por Belén Jiménez, proyectista en el Dpto. de Diseño de Amusement Logic





