Published On: 17.09.2021|Categories: Noticias generales|Tags: |

«El equilibrio es invisible hasta que se pierde», este es el lema que identifica al proyecto arquitectónico The Playscape, completado en 2021 por la firma de arquitectura con sede en Pekín We Architect Anonymous (WAA). Según declaran en los detalles de su propuesta, «nuestro cliente era un proveedor de servicios sanitarios especializado en observar y apoyar el desarrollo de los niños en relación con el movimiento». El reto que presentaba: la reforma de un complejo industrial de almacén de grano de los años 70 en el norte de la ciudad. Si algo destaca del proyecto que analizamos aquí, es precisamente el tributo al movimiento, y más concretamente el desafío al equilibrio que ofrece en todas sus partes a sus pequeños protagonistas. Toboganes, pronunciados ascensos y descensos del pavimento, camas elásticas, redes… Pero veamos cuáles son los planteamientos de sus arquitectos. Según estos, The Playscape integra tres intervenciones arquitectónicas con el objetivo de materializar el concepto de partida:

Toboganes y tubos para poner a prueba la «propiocepción» de los pequeños, es decir, la percepción inconsciente de sus propios movimientos y la posición de su cuerpo, independientemente de la visión.

Puntos de observación elevados desde los que se presenta a los protagonistas la posibilidad de percibir la escenografía en conjunto y decidir entre las alternativas de recorrido. Así, los niños pueden viajar desde la terraza y llegar a la parte inferior a través de toboganes, escaleras o rampas. The Playscape les ofrece direcciones alternativas para alcanzar sus metas, de forma que a veces la ruta más corta es la más divertida.

Montículos para la ascensión y el deslizamiento que fomentan el desarrollo de los sentidos relacionados con el equilibrio, además de la libertad de decisión. Así, «los montículos permiten a los niños explorar y decidir si se sienten cómodos con respecto al riesgo, al superar distintas inclinaciones con velocidad».

Con las anteriores tres intervenciones arquitectónicas, The Playscape ofrece a los pequeños del vecindario numerosas posibilidades de juego, a saber: el escondite, o una «interacción de grupo»; también, un campo para la aventura individual, de forma que los niños «deciden qué nivel de riesgo es cómodo para ellos experimentar»; rincones y recovecos para que exploren y comprendan la «ergonomía» o, dicho de otra forma, la relación de las proporciones de su cuerpo con el espacio; un laberinto que ofrece lugares fuera de la vista para la exploración y el descubrimiento; por último, juegos de fantasía, ya que los espacios abstractos ofrecen la máxima flexibilidad para que los niños inventen escenarios basados en el pensamiento.

Además de ofrecer todas estas posibilidades, The Playscape es un proyecto arquitectónico lleno de plasticidad, encomiable desde el punto de vista estético. Pero, sobre todo, a nuestro modo de ver, alcanza con éxito el objetivo manifiesto en su concepción, el de «abordar los elementos que faltan en las viviendas del centro de la ciudad, mediante la distorsión de las escalas y la manipulación de las secuencias de movimiento, para construir una herramienta de aprendizaje sensorial». Desde aquí nuestras felicitaciones.

Fuentes: WAA, ArchDaily. Imágenes: WAA.

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