El diseño de espacios —parques temáticos en este caso— cuenta con una faceta de psicología, ya que emplea un lenguaje, el de las formas, las texturas y los colores, que apela directamente a las emociones. Así, líneas sinuosas y estructuras orgánicas transmiten una sensación de fluidez, de calidez y armonía, mientras que las geometrías angulares y las líneas rectas y precisas expresan claridad y orden, si no frialdad e impiedad. Los parques temáticos emplean a menudo estos principios de psicología para envolvernos en arquitecturas imposibles y volúmenes imaginativos que despiertan nuestro asombro.
El color es precisamente uno de los acentos con los que cuenta el lenguaje de diseño, en su narrativa sensorial. La paleta cromática no solo define ambientes, sino que modula nuestro estado de ánimo. Los rojos intensos y naranjas vibrantes en zonas de alta actividad estimulan la segregación de adrenalina, mientras que los azules profundos y verdes suaves nos transportan a oasis de tranquilidad. En ocasiones, la determinación estratégica del color altera incluso nuestra percepción espacial y temporal, ya nos encontremos en la oscuridad de un túnel o bajo el torrente luminoso de una plaza abierta.

Ejemplos paradigmáticos de lo que decimos son el Tron Light Cycle Run, con su arquitectura sinuosa y las luces neón, que sugiere una atmósfera futurista. En cambio, en la entrada gótica de Batman Dark Flight, la oscuridad contrasta con dorados para contagiar de misterio a quien la cruza. De esa manera, cada diseño refuerza una narrativa emocional específica.
Por Manuel Ginés, arquitecto sénior en el Dpto. de Arquitectura de Amusement Logic