Esta propuesta del Departamento de Diseño de Amusement Logic para una villa de lujo, hace de la arquitectura una prolongación del paisaje y evita así que se imponga a él. Las líneas, los volúmenes, las texturas animan a la mirada a fluir sin interrupciones; desde el interior hasta el horizonte, del norte al sur. El espacio doméstico es un umbral abierto al mar; la frontera entre la construcción y lo natural desaparece bajo una luz que cambia con el día.

El diseño se despliega con precisión cinematográfica: planos flotantes, materias nobles, transparencias y reflejos que capturan el movimiento del agua y el fuego… La consecuencia no es una vivienda, sino una experiencia atmosférica: el lujo de observar el tiempo, de habitar el silencio, de sentir el peso liviano de la calma.

La arquitectura se hace emoción contenida. Es más que confort, una forma de bienestar que nace del diálogo entre el hombre, la materia y el paisaje. La arquitectura desaparece y queda lo esencial: el horizonte, la luz, el mar y el instante.

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