En la construcción, la cimentación en profundidad se realiza cuando el terreno no presenta la capacidad portante adecuada para sostener un edificio. Este tipo especial de cimentación resuelve esta cuestión al hincar una columna o pilar dentro del terreno hasta alcanzar capas más firmes en sus profundidades. Un caso particularmente singular de este tipo de construcción es la que se llevó a cabo en Venecia, Italia.
En efecto, los edificios más antiguos de dicha ciudad se sustentan sobre pilotes de madera. Sin embargo, su buen funcionamiento se debe en parte a su uso masivo, con miles de ellos bajo los pisos de dichos edificios. Así, los pilotes mejoran las condiciones del terreno superficial, y configuran la plataforma de apoyo sólida y estable que sostiene a la ciudad. Se estima en unos 12.000 los pilotes que sustentan el Puente de Rialto, por ejemplo, mientras que la basílica de Santa Maria della Salute descansaría sobre más de un millón.
En la construcción de los edificios de Venecia se emplearon maderas de distintas calidades, en parte, como consecuencia de la capacidad económica de cada proyecto. Las más habituales eran las de aliso, roble, alerce, pino y olmo. El espacio entre los pilotes se rellenaba con grava y piedra triturada. Sobre la plataforma resultante se colocaban losas de piedra de Istria, que así servían de base para los edificios.

Pero, ¿por qué no se pudren los pilotes de madera? La explicación reside en la confluencia de varios factores. En primer lugar, el agua de la laguna tiene un importante porcentaje de salinidad debido a las entradas constantes de agua marina, lo que impide la vida de muchos hongos y bacterias responsables de la degradación de la madera. Asimismo, la falta de oxígeno en estas aguas dificulta la proliferación de dichos microorganismos. Además, con el paso del tiempo, los minerales disueltos en el agua y el sedimento penetran en la madera y producen su mineralización parcial, y de esa forma se endurecen y estabilizan.
La eficacia de este sistema quedó demostrada cuando, tras el derrumbe del Campanile de San Marcos en 1902, se descubrió que sus pilotes originales, después de casi mil años de función, seguían en muy buen estado.
Por Jorge Laguna, jefe de la sección de estructuras del Dpto. de Arquitectura de Amusement Logic

