El desarrollo de proyectos de arquitectura exitosos conlleva necesariamente una serie de etapas, desde el diseño conceptual hasta su entrega al promotor o, incluso, su demolición, de práctica consuetudinaria. Un ejemplo de estandarización de esta estructura de desarrollo de proyectos —en nuestro caso, proyectos de ocio y turismo— lo encontramos en el plan de trabajo definido por el Royal Institute of British Architects (RIBA). Esta institución organiza el proceso de diseño y construcción en 8 etapas.

La etapa 0, o de estrategia, se centra en determinar las necesidades reales del proyecto y su viabilidad. Le sigue la fase 1, de preparación e información. En ella se define qué se quiere construir y se recopila la información inicial relevante, que incluye los objetivos del cliente, el presupuesto, el cronograma y los estudios del sitio.

La etapa 2, de concepto de diseño, se materializa en los primeros bocetos y visualizaciones, así como en la temprana definición de las estructuras y las estrategias de sostenibilidad del proyecto. En ella se incluye su narrativa temática y su identidad visual, el tipo de experiencia que se quiere ofrecer y su armonización con el entorno.

En cambio, la fase 3 es la de diseño espacial y coordinación, es decir el plan maestro. De pronto, el diseño se ha vuelto técnicamente posible. Estos diseños reflejan la organización de los flujos de usuarios, la dimensión de las atracciones y aspectos fundamentales como la seguridad, la operación y el mantenimiento. Esta fase coordina todas las ingenierías con la arquitectura para asegurar que todos los elementos encajen en el espacio y evitar interferencias.

La etapa 4, de diseño técnico, genera los planos de detalle y las especificaciones técnicas necesarias para construir, es decir, el plan ejecutivo. En él se coordinan la arquitectura, el diseño de estructuras, instalaciones técnicas y sistemas específicos. Con él nos aseguramos del cumplimiento de normativas y también de la viabilidad técnica del proyecto.

La fase 5 es la de fabricación y construcción propiamente dicha. La etapa 6, por su parte, concluye con las pruebas finales del proyecto y sus instalaciones. Tras las correcciones y eventuales reparaciones, culmina con la entrega del edificio o el activo al cliente.

La fase 7, la última, abarca toda la vida útil del edificio, incluido su mantenimiento, las evaluaciones tras su ocupación y operación y, eventualmente, su demolición o reciclaje.

Por Pablo Vidal, arquitecto sénior en el Dpto. de Arquitectura de Amusement Logic

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