Las áreas comunes de los hoteles y resorts se han transformado recientemente en entornos dinámicos y multifacéticos, impulsados en gran medida por el auge de los llamados «nómadas digitales», y también por las nuevas expectativas de los huéspedes.
El vestíbulo tradicional se convierte ahora en un sofisticado espacio de co-trabajo y vida social. Se equipa con estaciones de trabajo funcionales, se habilitan en él recintos informales para reuniones y cómodos salones que invitan tanto a la concentración como a la interacción. Pero esta transformación no se limita al vestíbulo: es tendencia que los hoteles integren hoy a sus dependencias auténticos santuarios de bienestar. Spas, saunas, áreas de masaje y otras específicamente dedicadas a prácticas como la meditación y el yoga se multiplican.
Paralelamente, la transformación más impactante quizá sea la conversión de los espacios recreativos, de modo que si antes eran accesorios, pasan ahora a protagonizar la oferta y a representar verdaderas atracciones. Las piscinas, por ejemplo, son ahora seductores paisajes acuáticos que incorporan toboganes elaborados y parques lúdicos interactivos. Al fin y al cabo, garantizan de algún modo la máxima diferenciación y constituyen un claro atractivo familiar que exhiben los hoteles.
En definitiva, la hostelería actual parece decidida a ofrecer una integración estratégica de oficina, espacio de salud y parque de atracciones dentro de un mismo establecimiento hotelero o resort. El hotel o resort ya no es un lugar solo para pernoctar, sino un lugar diseñado para la vida plena, la experiencia, el desarrollo profesional y la presencia.
Por Manolo Barberá, modelador hidráulico sénior en el Dpto. de Arquitectura de Amusement Logic




