La arquitectura es a menudo una cristalización de la historia y la economía de un pueblo o una civilización. Esa es al menos la idea que nos aborda al contemplar este testimonio monumental en el corazón de Estambul (Turquía): el Gran Bazar (Kapalıçarşı). Más allá de ser un polo de atracción turístico y un gigantesco centro comercial, ha llamado nuestra atención por su tejido arquitectónico. Al fin y al cabo, es como un palimpsesto que ha llegado a nosotros a través de los siglos y que narra la evolución de la ciudad, una sucesión de desastres naturales y la resiliencia constructiva.
Los cimientos: bedestenes otomanos
El núcleo arquitectónico del Gran Bazar lo representan dos bedestenes —o mercados cubiertos—, los más antiguos. El primero, el Cevahir Bedesten (o «Bedesten de las gemas»), fue un encargo del sultán Mehmed II, poco después de la conquista otomana de Constantinopla, para estimular la prosperidad económica de Estambul, y su construcción finalizó en 1461. De planta rectangular, hileras de pilares de piedra definen una retícula de 15 bahías, cada una cubierta por una cúpula de ladrillo con tambor ciego. Su arquitectura maciza, de mampostería, denota una voluntad de permanencia y una preocupación por la protección contra incendios y contra robos.
Poco después, se construyó el Sandal Bedesten, de planta cuadrangular y cubierto por 20 cúpulas. Ambos edificios son ejemplos tempranos de la arquitectura otomana clásica aplicada a un espacio comercial, con un diseño modular basado en bahías abovedadas que se repiten, atadas entre sí por arcos de ladrillo y vigas de enebro. Estas estructuras, aisladas en sus inicios, actuaron como el corazón en torno al cual se desplegó el laberinto que hoy conforma el Gran Bazar de Estambul.
La expansión orgánica: el nacimiento del laberinto
Durante los siglos XVI y XVII, el Bazar alcanzó su forma característica. Los comerciantes comenzaron a instalar sus puestos —inicialmente simples tenderetes de madera— entre los bedestenes y a su alrededor. Este crecimiento no respondió a un plan maestro, sino a una lógica económica y gremial. Las calles se especializaron por oficios (joyeros, peleteros, libreros, etc.), dando nombre a las vías, hasta cristalizar en esa trama urbana única.
Originalmente construido con un uso intensivo de madera, el Bazar sufrió varios incendios. Uno de los más devastadores fue el que se produjo en 1701. De acuerdo con una nueva ley contra incendios promulgada en 1696, tras el gran fuego, se emprendió una reconstrucción importante del Gran Bazar de Estambul: se reemplazó la madera por piedra y ladrillo, y se cubrieron con bóvedas las calles entre los dos bedestenes iniciales. Este fue el momento decisivo que convirtió el conjunto en un auténtico mercado cubierto. Las sucesivas reparaciones tras incendios y terremotos (como los de 1766 y 1894) se hicieron sin un plan general, lo que dio al complejo, especialmente en su sector oeste, su apariencia pintoresca y laberíntica, con calles que se cruzan en ángulos inesperados.
Adaptación y supervivencia: la estructura actual
La arquitectura del Gran Bazar es resultado, como veis, de una adaptación continua a las circunstancias. Precisamente, tras el terremoto de magnitud 6,7 —sacudió la ciudad el martes 10 julio de 1894, a las 15:33 hora local, con su epicentro en el mar de Mármara— se racionalizó ligeramente su perímetro, se demolieron algunas puertas y se integraron o excluyeron algunos de los caravasares que lo rodeaban. Estos edificios de dos o tres plantas con patios porticados interiores, servían como almacenes, talleres y alojamiento para los mercaderes.
El sistema de construcción predominante en el Gran Bazar es de una sola planta, con cubiertas inicialmente de láminas de plomo, luego de tejas marsellesas y hoy de tejas ordinarias. La iluminación natural, que se filtra desde las cúpulas y claraboyas era primordial, ya que inicialmente no se permitía luz artificial para prevenir incendios.
El legado arquitectónico: desafíos y futuro
Hoy, el Gran Bazar se extiende sobre una superficie que, según distintas fuentes, oscila entre los 30.000 y los 55.000 m2, a lo largo de 61 calles cubiertas que albergan más de 4.000 tiendas. Su belleza e historia son su mayor activo, pero también enfrenta desafíos contemporáneos. Las modificaciones no controladas, como eliminación de columnas, alteración de muros o sustitución de materiales originales, así como la necesidad de modernizar infraestructuras de climatización, electricidad y saneamiento, plantean riesgos para su integridad. La amenaza sísmica de la región no hace sino agravar esa situación. Un proyecto de restauración en curso busca precisamente la modernización de dichas infraestructuras.
Fuentes: Wikipedia 1, Wikipedia 2, The Istanbul Insider.












