La arquitectura, el diseño y la construcción experimentan en los últimos años cambios silenciosos, pero de gran alcance: nos referimos al salto de la metodología BIM (por el inglés de Modelado de la Información para la Construcción) a los sistemas BOS (siglas en inglés para Sistema Operativo de Edificios). Podemos expresarlo con una metáfora biológica: si el BIM representa la anatomía de un edificio, el BOS es su sistema nervioso.
La metodología BIM revolucionó la forma de proyectar en arquitectura y construcción durante la última década. Gracias a ella, cambiamos los planos bidimensionales por maquetas digitales ricas en datos. Cada muro, cada instalación y cada conexión queda registrada con precisión milimétrica. Arquitectos, ingenieros y desarrolladores preven cada detalle, optimizan recursos y resuelven conflictos geométricos antes de que llegue la maquinaria a la obra, con lo que ahorran tiempo y reducen costes en el proceso.
Sin embargo, un proyecto no concluye el día de su inauguración; de hecho, es entonces, cuando comienza su operación, que se inicia realmente su ciclo de vida. Y la inmensa cantidad de información generada durante la fase de diseño y construcción, esa riqueza geométrica y técnica, queda archivada y no se utiliza. A menos que la pongamos a disposición del sistema BOS.

Efectivamente, BOS consiste en una plataforma centralizada que conecta los datos estáticos del modelo BIM con la realidad dinámica y cambiante del edificio en funcionamiento. Integra la información del diseño original con los sistemas de gestión automatizada, el Internet de las Cosas, los sensores ambientales y los programas informáticos de mantenimiento.
Los sistemas de climatización, iluminación y seguridad dejan de ser elementos aislados para comunicarse entre sí. Ahora se adaptan, de forma autónoma y casi instantánea, al flujo de visitantes o a las condiciones climáticas exteriores. El mantenimiento, por su parte, se vuelve predictivo: en lugar de reaccionar ante una avería, el sistema analiza los datos operativos de los equipos —a partir de las especificaciones del modelo BIM— y anticipa el momento de prestar atención a un componente determinado. Con ello, se evitan interrupciones del servicio y se prolonga la vida útil de las instalaciones. Por último, la sincronización de todos los flujos sirve para optimizar el consumo energético de manera radical y, por ende, contribuye en la misma medida a la sostenibilidad.
Por Raúl Soriano, modelador sénior en el Dpto. de Arquitectura de Amusement Logic

