Las prácticas sostenibles han adquirido una importancia capital en los últimos años, también en arquitectura y construcción. Los edificios buscan la sostenibilidad y, para ello, una de las estrategias es aprovechar sus azoteas para instalar cubiertas vegetales. Estas pueden ser extensivas —son sustrato fino y no transitables—, o intensivas —con un espesor mayor, accesibles—. Sean como fueren, las cubiertas verdes producen claros beneficios en el entorno urbano: reducen el efecto «isla de calor», retienen las aguas pluviales, absorben el ruido y favorecen la biodiversidad.
A pesar de todo, son un recurso que también plantea algunas cuestiones. Veamos cuáles son:
La construcción de un edificio con cubierta verde incrementa su presupuesto entre un 10% y un 30% respecto de otro convencional. Al fin y al cabo, serán necesarios plazos mayores y más materiales, dada la complejidad de su instalación. Las cubiertas verdes requieren membranas de impermeabilización más densas, materiales menos comunes que precisan transporte y, al incrementar el peso, podrían exigir estructuras mayores.
Por otra parte, la promesa de implantación de una cubierta verde es que el ahorro energético compense la mayor inversión. Pero la realidad ha matizado ese optimismo: el comportamiento real, especialmente en invierno y con humedad, produce ahorros menores que los que arrojaban las simulaciones iniciales. Si bien aporta inercia térmica, el sustrato no aísla eficazmente de las condiciones atmosféricas.
Durante la vida útil del edificio, el mantenimiento de la jardinería exige partidas presupuestarias específicas. Por ejemplo, para evitar que especies invasoras desplacen a las proyectadas. Además, las sequías matan a la vegetación y los excesos de lluvia aumentan el riesgo de infiltraciones si el agua permanece sobre la lámina.
Además, la estanqueidad de los materiales de impermeabilización bajo la cubierta verde puede afectar a la transpiración del edificio, lo que exigiría soluciones adecuadas de ventilación.
Desde la perspectiva del promotor, el atractivo comercial también se diluye. Si mejorar cocinas o baños incrementa el precio de venta de un inmueble entre un 7% y un 10%, las cubiertas verdes apenas lo elevan del 2 al 3%.
En definitiva, conviene preguntarse si tiene sentido pretender retener el agua y fomentar el crecimiento de raíces sobre un edificio, o tal vez sea más conveniente evacuar rápidamente ese agua y conducirla al espacio público —a un suelo que pueda absorberla— y concentrar allí las superficies verdes y la biodiversidad. La respuesta no es definitiva, pero la pregunta es necesaria.
Por Miquel Solís, arquitecto sénior en el Dpto. de Arquitectura de Amusement Logic





