A menudo nos limitamos en entender la estrategia para la sostenibilidad de un proyecto de hotel o resort, parque temático, parque acuático, camping o incluso centro comercial, como la de compensar su impacto en la naturaleza, reducir la factura que carga sobre el paisaje o minimizar su huella en el entorno inmediato. Sin embargo, desde un punto de vista avanzado, ese planteamiento no es suficiente. Los destinos turísticos y de ocio deben aportar algo más, deben evitar simplemente conformarse con pasar desapercibidos, sino que deben mejorar el lugar en el que se establecen.

Desde esta visión más avanzada contemplamos soluciones fundamentadas en la propia naturaleza. No se trata solo de proteger lo que queda de ella. Se trata de utilizar su propio funcionamiento y su materialidad, su sostén, como infraestructura estratégica: espacios en hoteles que protegen las playas, lugares llenos de vegetación que capturan carbono y refrescan destinos, lagos y piscinas que depuran agua de forma natural… Y también —aquí interviene el trabajo que realiza Amusement Logic—, atracciones que se suman al paisaje, espacios que ni las aves ni la fauna distinguen de la propia naturaleza.

Nos referimos a parques de barranquismo, ríos lentos y atracciones temáticas naturalizadas. Estas se incorporan a la naturaleza no como simple decorado, sino como parte del modelo de negocio. Veamos tres ejemplos:

Los canyoning parks representan el primero de ellos. Se trata de circuitos artificiales de barranquismo que recrean de forma extremadamente fidedigna los cañones naturales producto de la erosión milenaria de los ríos; saltos al agua, toboganes de roca, cascadas y grutas, paredes de escalada, etc. Su aportación, más allá del espectacular paisajismo: reducen la presión humana sobre los entornos naturales y sostienen la biodiversidad.

Otro ejemplo son los River Lagoons. Estos representan casi un ecosistema en sí mismos. Debéis imaginar un parque acuático en el que el protagonismo no lo tiene el cemento, sino un río serpenteante, una exuberante vegetación, y playas fluviales, cascadas y rocas. Los toboganes acuáticos, las piscinas infantiles y el resto de atracciones se integran en el paisaje. Es un destino turístico que representa la continuidad con la naturaleza; es, de hecho, naturaleza diseñada.

El tercer ejemplo lo ocupa el río lento naturalizado. El canal uniforme y predecible, desnudo, se hace ahora de curvas abiertas, rincones íntimos para relajarse, cambios de anchura, variaciones de profundidad, islas accesibles y playas de entrada progresiva. Todo en un sistema integrado, salpicado de formaciones rocosas, cascadas y vegetación densa. Los visitantes, los huéspedes, los turistas ya no solo flotan, sino que eligen, descubren, descansan o juegan.

Los tres ejemplos —Canyoning Parks, River Lagoons y río lento naturalizado— comparten un mismo objetivo: que los destinos turísticos dejen de ser meros espectadores en la estrategia de sostenibilidad y se conviertan en actores de ella. Reducción de costes operativos, recirculación del agua, alivio climático gracias a la vegetación; todo se suma a una experiencia mejorada. Porque la naturaleza por diseño acoge, proporciona bienestar y deja mejor recuerdo. Además, se trata de atracciones que llaman a los usuarios y viajeros más conscientes, aquellos que buscan autenticidad y sostenibilidad real. Porque la naturaleza en sí misma es ya infraestructura turística del siglo XXI.

Si queréis saber más sobre las atracciones que hemos puesto como ejemplo, os animamos a seguir los siguiente enlaces:

» Canyoning Parks

» River Lagoons

» Río Lento Naturalizado

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