En el diseño de parques acuáticos, se aprecia una tendencia creciente a la incorporación de elementos naturales y a la búsqueda de una atmósfera orgánica y acogedora. Es un principio conocido como diseño biofílico, que responde a la necesidad del ser humano de conectar con la naturaleza. La integración deliberada en el diseño de vegetación, luz y, en general, patrones naturales, transforma el espacio de ocio en algo parecido a un santuario. Al fin y al cabo, la profusa segregación de adrenalina de los cuerpos al descender por los toboganes acuáticos no contradice la calma del entorno; en todo caso, se complementan.
Al entrelazar muros verdes, texturas rocosas y cursos de agua que imitan la sinuosidad de los ríos naturales, los desarrolladores parecen abandonar la estética del «parque desnudo» —dominada por el hormigón, el acero y el plástico coloreado— en favor de un paisaje que respira, que cambia con la luz del día y que ofrece refugio físico y visual, además del estímulo lúdico.
Se trata de la respuesta a una verdad biológica: el cerebro humano, agotado por la exposición prolongada a entornos artificiales, por la fatiga cognitiva u otras fatigas, busca instintivamente fundirse en la vitalidad del mundo natural. Que encuentre réplica a esa búsqueda en, por ejemplo, un parque acuático, influye directamente en su satisfacción y bienestar. Las investigaciones en psicología ambiental confirman que los entornos naturalizados reducen los niveles de estrés, mejoran el estado de ánimo y aumentan la capacidad de atención.

Las corrientes de agua se diseñan ahora como el curso caprichoso de los ríos, y se emplea flora local no solo con fines estéticos, sino para filtrar el aire, generar un microclima fresco y atraer biodiversidad. Como decimos, un entorno vivo y natural reduce los niveles de cortisol —la hormona del estrés— y, en consecuencia, eleva la disposición de los visitantes a pagar por los servicios y experiencias que ofrece el parque acuático. El reloj subjetivo se detiene, la noción de las horas se difumina y el visitante, sencillamente, no tiene prisa por marcharse.
Por Manolo Barberá, modelador hidráulico sénior en el Dpto. de Arquitectura de Amusement Logic

