La Estación de Investigación Rothera, operada por el British Antarctic Survey (BAS) desde 1975, se encuentra en la isla Adelaida, a los pies del promontorio rocoso de Rothera Point, en el oeste de la península Antártica. Es este uno de los enclaves destinados a la investigación polar y a la ciencia más remotos del mundo. Sin embargo, el duro clima, unas instalaciones obsoletas y las exigencias de mayor eficiencia energética llevaron recientemente al BAS a planear un ambicioso plan de modernización. Pues bien, el corazón de esa renovación lo representa el nuevo Discovery Building, un edificio fascinante cuya construcción, iniciada en 2018, concluyó en 2025.
El edificio, de 4.500 m2 y 2 plantas, es obra de los estudios de arquitectura Hugh Broughton Architects y NORR —estos últimos responsables del concepto original—, en colaboración con un equipo de ingenieros de Ramboll, Sweco y Turner & Townsend. Su nombre, Discovery Building, quiere recordar las expediciones que hace 2 siglos avistaron por primera vez el continente blanco. Su cometido es concentrar bajo un mismo techo las funciones que antes ocupaban 9 construcciones separadas, entre talleres, almacenes, oficinas y espacios para el bienestar del personal de la base.
La solución que adoptaron los arquitectos consiste en un volumen de líneas limpias y cubierta inclinada, revestido con paneles compuestos de un azul pálido que parece eco de la luz y el hielo del medio antártico. Lo más singular de la propuesta, sin embargo, no es su color, sino cómo se enfrenta al viento y la acumulación de nieve. Los arquitectos no podían recurrir a la soluciones tradicionales, como elevar la edificación sobre pilotes, puesto que Discovery Building necesitaba acceso a ras de suelo para un taller donde reparar y mantener los vehículos y maquinarias propias de la actividad de exploración científica.
La ingeniosa solución que hallaron para evitar que la nieve se apile y bloquee las entradas fue la de incorporar un deflector en la parte superior del edificio. Este se extiende por el tejado para recoger, acelerar y reconducir el flujo del viento dominante. Con ello, crea una fuerte corriente descendente que barre la nieve y la aleja del perímetro de la fachada sur. Una solución aerodinámica que responde magistralmente, de forma precisa, a una necesidad funcional del edificio ante un clima extremo.
Una torre de control acristalada emerge de la cubierta y ofrece una panorámica de 360 grados sobre el manto de nieve y las montañas, pero también sobre la pista de aterrizaje, el muelle de carga del puerto, la costa y los icebergs. Por su parte, la distribución en el interior busca la máxima eficiencia. En la planta baja se alojan los sistemas de generación de energía y calor, así como el almacén principal. En la superior, junto a las oficinas, se encuentran los espacios destinados a hacer más llevadero el confinamiento invernal: un gimnasio, una sala de música, un espacio para artes y oficios, una sauna e incluso un rocódromo.
La sostenibilidad, en un ambiente como el de la isla Adelaida, es una necesidad logística. Los recursos que no se generan en el lugar, tienen que transportarse desde ubicaciones lejanas con un enorme coste energético y económico. Por eso, el edificio apuesta por un alto rendimiento térmico con sus paneles altamente aislantes y su triple acristalamiento. La fachada norte, que recibe más horas de sol, cuenta con paneles fotovoltaicos. Un sistema de cogeneración de calor y electricidad aprovecha al máximo la energía disponible.
Precisamente, el sistema de operación energética integral hace del Discovery Building el primer edificio de la Antártida con certificación BREEAM (siglas en inglés para Método de Evaluación Ambiental del Instituto de Investigación de la Construcción). Esta certificación goza de amplio reconocimiento y, con su publicación en 1990, es el método de evaluación de la sostenibilidad de edificios más antiguo del mundo.
En el entorno hostil de la Antártida, como vemos, cada decisión de diseño cuenta y se revela como un elemento esencial para cuidar de las personas y del medio ambiente. Lo que comenzó como un refugio para que unos pocos científicos pasaran los inviernos antárticos, ha evolucionado durante décadas hasta un complejo logístico y científico de primer orden, que llega a albergar a 160 personas durante los meses de verano. La arquitectura extrema del Discovery Building logra crear un espacio habitable para todas ellas.
Fuentes: Hugh Broughton Architects, NORR Architects, Wikipedia.
Imágenes: Hugh Broughton Architects y NORR Architects.






