Hace más de 35 años, en diciembre de 1990, se inauguró en la ciudad de Valencia, España, una atracción insólita que excedía lo que se considera convencionalmente como un parque infantil. Se trata del Parque Gulliver, el lugar donde todavía hoy yace el gigante Lemuel, asediado diariamente por cientos de liliputienses de la ciudad, que saltan sobre él, se deslizan por sus ropajes y se divierten en múltiples aventuras. El Parque Gulliver, que ocupa un lugar destacado en el Jardín del Turia —uno de los jardines urbanos, por cierto, más grandes de Europa— es desde entonces, entre quienes lo conocen, clara referencia en el diseño de espacios de ocio. Dedicamos estas líneas a quienes no lo conocen.

En 1986, el arquitecto municipal de Valencia, Rafael Rivera, recibió el encargo de proyectar un parque infantil en los terrenos del Jardín del Turia. Rivera, que había estudiado parques como el Jardín de Bomarzo en Italia o las experiencias de Aldo Van Eyck en Londres, Reino Unido, propuso un proyecto que se alejaba de los catálogos habituales de columpios y balancines. Su idea: los juegos debían formar parte inseparable de la propia estructura del parque. «Planteé una propuesta de Gulliver de unos 35 m de largo», recuerda Rivera en declaraciones al diario local Valencia Plaza; «cuando tanteé a algunos escultores, ninguno dio el paso adelante por la escala de la figura», añade.

Cuando se propuso para su creación a Manolo Martín y este aceptó el desafío, el proyecto, sin embargo, fue desestimado. Hay que aclarar que Martín era un artista fallero, es decir, uno de los muchos diseñadores y escultores que trabajan en la producción de los monumentos que protagonizan las fiestas de las Fallas de Valencia. Estas se desarrollan cada año entre el 1 y el 19 de marzo, representan un atractivo turístico de primer orden y, además de ser fiestas de Interés Turístico Internacional —distinción de carácter honorífico que concede la Secretaría General de Turismo del Ministerio de Industria, Turismo y Comercio español—, la UNESCO las declaró Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad en noviembre de 2016. Pero volvamos al parque Gulliver:

A pesar de todo, poco después, Rivera y Martín retomaron la idea con una convicción: en el primer diseño, el Gulliver tumbado «parecía demasiado tétrico». Eso les llevó a idear una «interpretación menos realista» del personaje. Fue entonces cuando Sento Llobell, un conocido ilustrador y dibujante de cómics, entró en el proyecto. Por fin, su dibujo aportó lo que Rivera y Martín buscaban: una línea clara, contemporánea, que resolvía los pliegues de la ropa de Lemuel con rampas y toboganes, una decisión de diseño que también fue funcional. «Tengo una obra que sale en Google Maps —afirma Llobell a Valencia Plaza—, y no todos los ilustradores pueden decir lo mismo».

El proyecto interesó a Pasqual Maragall, en aquel momento alcalde de Barcelona, quien lo propuso para su instalación en la playa de la ciudad. No obstante, la ubicación que Maragall había elegido no convencía a Rivera y Martín, ya que «la arena funcionaría como abrasivo en las zonas de toboganes». Fue entonces cuando entró en acción el conseller valenciano de Industria, Comercio y Turismo, Andrés García Reche: «cuando se enteró de que estábamos en negociaciones con Maragall —recuerda Rivera— nos dijo que el proyecto se quedaba en València sí o sí».

La alcaldesa en aquel momento, Clementina Ródenas, cedió los terrenos en el cauce del río Turia —el jardín homónimo acababa de inaugurarse— y las autoridades autonómicas de la Generalitat Valenciana aportaron la financiación. El proyecto, bautizado como Un riu de xiquets (en castellano, «Un río de niños»), incluía además otras actuaciones, como un ajedrez gigante o pistas de patinaje.

El resultado, con un coste de poco más de €1,3 millones, es un parque que protagoniza un Gulliver de cómic de 70 m de longitud y 7 m de altura en su punto más elevado, con brazos, piernas y cabellera que sirven de rampas y toboganes. Los zapatos, el sombrero y la espada completan el recorrido. A la vista está que la combinación de poliestireno, poliéster, fibra de vidrio y hormigón proyectado responde fidedignamente al triple objetivo de ligereza, resistencia y viabilidad con que se construyó. El éxito de público fue inmediato cuando se inauguró y todavía lo es hoy, con alrededor de 1 millón de visitantes al año.

Fuentes: Valencia Plaza, Levante EMV, Las Provincias, Wikipedia.

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