La inteligencia artificial (IA) ha irrumpido con fuerza transformadora, también en la ingeniería civil, disciplina en la que expande los límites de lo posible. Tradicionalmente, la gestión de cargas en el diseño, la construcción y el mantenimiento de infraestructuras se basaba en modelos matemáticos y la experiencia de los profesionales. Sin embargo, la IA aporta una nueva dimensión al procesar volúmenes masivos de datos y encontrar patrones imperceptibles para el ojo humano.
Por ejemplo, las herramientas de IA permiten a los ingenieros anticipar en tiempo real el comportamiento de una estructura ante distintas situaciones y, de esa forma, prevenir fallos mucho antes de que se materialicen. La optimización máxima de los diseños es otra de sus aportaciones, ya que dichas herramientas son capaces de explorar innumerables configuraciones estructurales posibles y recomendar las que soportan las cargas con el mínimo de materiales y con máxima eficiencia. Por ende, ayudan a reducir los costes de construcción. Mientras, la durabilidad de las construcciones se prolonga y su seguridad aumenta, al mejorar su resistencia a cargas extremas.

A pesar de este panorama prometedor, la adopción plena de la IA en la ingeniería civil no carece de desafíos. La calidad y la cantidad de datos disponibles para entrenar a los modelos es todavía un obstáculo crítico. Por su parte, la complejidad intrínseca de modelar fielmente fenómenos físicos altamente variables es todo un reto en sí mismo. A lo anterior se suman consideraciones sobre los costes y los recursos necesarios para soportar estas tecnologías, así como la creciente preocupación por la seguridad y privacidad de los datos recopilados.
Por Raúl Soriano, modelador sénior en el Dpto. de Arquitectura de Amusement Logic

