El profesional que os traemos en esta ocasión sabe bien cómo tratar con las personas de su equipo y con los animales bajo su cuidado. Llegó al oficio por casualidad, hace más de una década, y se quedó hasta hoy. Basta con leer sus palabras para saber hasta qué punto ha calado en él la emoción y la profesionalidad de una gestión compleja como es la de los zoológicos y los grandes acuarios. Estuvo primero en BIOPARC Fuengirola y, por fin, llegó a BIOPARC Acuario de Gijón. No dejéis de disfrutar de esta charla, tanto como nosotros hemos disfrutado al realizarla. Vais a descubrir cosas que solo alguien que habla desde dentro puede desvelar de una atracción como un gran acuario. Aquí la tenéis.
Amusement Logic: ¿Qué le llevó a dedicarse al mundo de los acuarios y parques zoológicos? ¿Alguna experiencia personal que despertara su vocación?
Alejandro Beneit: Yo venía de otro sector; fue más la oportunidad de trabajar en el sector, que la búsqueda de estar en él. Nunca me había planteado trabajar en el sector de zoos y acuarios. Tuve la oportunidad de dirigir una marca líder como BIOPARC Fuengirola desde el departamento de marketing y no me lo pensé. Pero fue una decisión que tomé totalmente desde una visión de oportunidad para mi carrera profesional. La vocación vino luego; cuando trabajas con equipos a los que apasiona tanto los animales, que los cuidan y se emocionan y hacen tanto por ellos… Eso se contagia. 11 años después, sé que tuve mucha suerte por poder tomar la decisión de entrar con un equipo espectacular en este gran proyecto.

A.L.: 11 años al frente de BIOPARC Acuario de Gijón es un periodo muy significativo. ¿Cuál fue el mayor reto al que se enfrentó en él?
A.B.: Realmente son 7 años y medio aquí en el BIOPARC Acuario, y otros 3 en BIOPARC Fuengirola como director de marketing. En el acuario, el mayor reto fue la llegada. Me encontré con un equipamiento en muy mal estado y con un equipo sin motivación y muy castigado. Llegar de fuera a un sitio y empezar a tomar decisiones y a convencer a la gente que te siga es difícil. Los primeros meses fueron de observación y de pocas decisiones. Y poco a poco, convencimos a todos.
Una vez pasado ese inicio, el reto real es mantener la relevancia. Es convencer al público de que crea en nosotros cada día. Suena genérico, pero esa idea la tenemos siempre muy presente. Mantener la excelencia técnica, la credibilidad científica y la viabilidad económica es una tensión diaria. Por resumir, el reto real ha sido y es construir una institución respetada, admirada y relevante. No sólo una atracción visitable.
A.L.: ¿Cuáles de los cambios que implementó al inicio de esos 11 años siguen vigentes hoy?
A.B.: Las primeras dos decisiones fueron las de quitar de la colección a los pingüinos y a las nutrias. Las dos especies más reconocidas y que traían a más gente al parque de animales. De hecho, a día de hoy, todavía nos preguntan por ellos. Mira, los zoos y acuarios estamos bajo el continuo examen de la sociedad y debemos liderar el trabajo por los animales y por el bienestar animal. Y eso no es negociable. Así que con ese criterio, quitamos de la colección todos los animales que no tenían una instalación adecuada. Y si eso conllevaba menos visitantes, debía ser así. Poco a poco, el público, sobre todo el local que nos conoce más, ha entendido muy bien nuestra forma de trabajar y tomar decisiones. Confían en nosotros y la comunidad nos apoya. Eso es muy importante.

A.L.: En un acuario confluyen educación, conservación y negocio. ¿Cómo logra equilibrar esos tres pilares en la gestión diaria?
A.B.: El equilibrio en la vida y en los negocios es fundamental. Todo debe estar equilibrado y en orden. Cualquier proyecto, sea el que sea, tiene que ser económicamente sostenible. Eso es lo primero, no tengo dudas al respecto. Pero hay dos maneras de hacerlo: plantearse el proyecto a corto plazo o a largo plazo. Si uno quiere ganar dinero rápido, es relativamente fácil, pero eso tiene muy poco recorrido. Sólo introduciendo elementos relevantes para la sociedad se puede hacer un gran proyecto. La conservación, la educación, y no olvides la investigación… son los pilares que sostienen este gran proyecto. La conservación empieza cuando alguien se enamora del mar. Si valoramos ese aspecto, el negocio es viable y todo lo demás sale adelante.
A.L.: Desde su doble perspectiva como director y como docente de marketing, ¿qué estrategia considera más efectiva para atraer y fidelizar visitantes en este tipo de espacios?
A.B.: La clave es entender que la experiencia empieza mucho antes de cruzar la puerta del acuario. Para nosotros es muy fácil conectar emocionalmente con el visitante desde el principio. Imagina que vienes a ver un tiburón, una tortuga boba, o un gran gorila a las instalaciones de Fuengirola, por ejemplo… Esa conexión es sencilla, solo queda enmarcarlas en una historia. Tenemos la suerte de trabajar con emociones, y no tenemos que rebuscar mucho para llamar la atención. Trabajamos para construir una comunidad de seguidores fieles, cada visitante debe ser un embajador de Bioparc. Y así los tratamos. Medimos continuamente, en todos nuestros parques, el NPS [en castellano, Índice Neto de Recomendación, una métrica de investigación de mercado a partir de una única encuesta en la que se pide a los encuestados que valoren la probabilidad de recomendar a un amigo o compañero de trabajo una empresa, un producto o un servicio], y estamos muy atentos a cualquier punto de mejora.
A.L.: También dirigió el departamento de marketing y ventas en BIOPARC Fuengirola. ¿En qué se diferencia el trabajo que realiza en el parque de Gijón del que llevó a cabo en Fuengirola?
A.B.: Cada parque tiene su esencia y públicos diferentes. En Fuengirola, la diversidad cultural, el brutal flujo turístico, la competencia exigían una comunicación muy directa. Nos daba menos tiempo a contar historias, el cliente cambiaba cada semana. Debíamos conectar de manera mucho más rápida y directa. En Gijón, el enfoque se centra más en la comunidad local y en las alianzas con todo tipo de instituciones. El ciudadano gijonés entiende el BIOPARC Acuario como suyo, es parte de su ciudad. Y está orgulloso de ello. Fuengirola es mucho más rápido e intenso. Gijón es más pausado y tiene menos competencia. Aquí podemos crear a largo plazo.

A.L.: Las redes sociales han cambiado la forma de comunicarnos. ¿Cómo las utiliza para conectar con el público y potenciar la experiencia del acuario?
A.B.: Hace ya mucho tiempo que todo ha cambiado en la comunicación. Ahora estamos en la fase de los cambios continuos dentro de las propias plataformas. Y a eso hay que adaptarse. Las redes sociales son el puente ideal para dialogar y crear comunidad. No solo compartimos contenidos visuales y educativos, sino que invitamos a la participación, resolvemos dudas en tiempo real y lanzamos campañas que involucran a seguidores en retos medioambientales. Las historias detrás de los animales, la interacción directa con sus cuidadores y la escucha activa han convertido nuestros canales en espacios vivos, donde la experiencia del acuario empieza y se prolonga más allá de la instalación física. Llevar bien este canal exige muchos recursos, porque todo el contenido online es muy efímero, va muy rápido y requiere mucha creación de contenido.
A.L.: Tras más de una década en el sector, ¿hacia dónde cree que debe evolucionar la gestión de acuarios y parques zoológicos en los próximos años?
A.B.: El futuro de los acuarios y parques zoológicos pasa por la máxima profesionalización. Ya no vale con gestionar instalaciones, hay que gestionar instituciones con el rigor de una empresa, el criterio de la ciencia y la transparencia de un servicio que será imprescindible. La sociedad ha cambiado.
Hoy no basta con mostrar animales, hay que demostrar por qué existimos. Y eso significa máximo rigor en el bienestar animal real, conservación con impacto medible y un papel activo en investigación y educación ambiental. Además, el futuro será colaborativo más que nunca. Ninguna institución puede proteger la biodiversidad sola. La cooperación entre centros, universidades y administraciones será clave.
Por último, la experiencia del visitante debe evolucionar: más digitalización, más inmersión, más conexión emocional. Porque las nuevas generaciones no buscan solo ocio, buscan significado. No basta con el «qué haces», el público quiere saber «por qué lo haces». En resumen, el futuro no pasa por acuarios o zoos más grandes, sino por instituciones creíbles.
A.L.: ¿Qué recuerdo o momento vivido en el acuario de Gijón guarda con más cariño o considera que mejor representa su labor allí?
A.B.: La primera tortuga que estuvo en el Centro de Recuperación Marino; el proceso para montar esta instalación. Todo el esfuerzo que llevó la recuperación de esta tortuga fue muy especial, ya que incluso se le tuvo que amputar una aleta. Y cuando la soltamos, fue un momento muy especial y emotivo en el BIOPARC Acuario. Todo ese proceso, y poder hacer este tipo de acciones, es posible porque el acuario es sostenible y hay un equipo humano espectacular. Eso creo que representa bien mi labor. Esfuerzo, responsabilidad, optimismo… ¡Pero en más de 7 años, ha habido muchos, también malos! ¡No todo es de color rosa!
A.L.: Si tuviera que dar un solo consejo a alguien que quiere dedicarse a la dirección de espacios como acuarios o parques temáticos, ¿cuál sería?
A.B.: Diría dos cosas que van unidas: no tengas miedo a equivocarte. El miedo al error es uno de los mayores frenos. Solo avanzas si tomas decisiones, y solo mejoras si aprendes de lo que no sale bien. Pero para «equivocarte bien», tienes que tener clara la dirección.
Y como consejo muy práctico: hay que evitar la microgestión. Un director debe marcar el rumbo, el estándar y los tiempos; el «cómo se hace» tiene que pertenecer al equipo. Si no, no lideras, estorbas. Por último, debe tenerse en cuenta siempre algo esencial: trabajamos con animales vivos. Eso exige una gran responsabilidad que no es negociable ni admite atajos.

