Este concepto del Departamento de Diseño de Amusement Logic establece a la arquitectura como mediadora entre el ser humano y la vastedad del territorio. Las cabañas circulares se levantan entre la vegetación, contenidas entre muros de piedra. Estos muros delimitan sin aislar un ámbito de calma frente a la energía indómita del paisaje. Cada muro define un umbral: más que una barrera, es una transición entre lo abierto y lo íntimo, entre aventura y descanso.
Lejos de ser una arquitectura del miedo, es una arquitectura del respeto. La forma cerrada protege del sol, del viento y de la fauna, sin perder el contacto visual ni la ventilación natural. Los materiales —piedra, paja, tierra— son los mismos que modelan el entorno, de modo que cada refugio parece haber emergido del terreno. El resultado es un compromiso entre abrigo y horizonte, entre la necesidad de protección y el deseo de contemplar.
Este diseño reinterpreta la relación ancestral con la naturaleza: vivir junto a ella, mejor que contra ella. El aislamiento se hace experiencia sensorial en unos espacios que inspiran serenidad sin domesticar el entorno. Lugares para sentir la inmensidad desde la seguridad y redescubrir el lujo de lo esencial.


