La evolución en la fabricación de toboganes acuáticos refleja de manera directa el descubrimiento de nuevos materiales y sus consecuencias en la ingeniería estructural. Veamos cómo:

A principios del siglo XX, los toboganes acuáticos se fabricaban principalmente con madera y metales como el acero o el aluminio. Estos materiales ofrecían una resistencia mecánica adecuada, pero presentaban inconvenientes considerables, como problemas de corrosión, una elevada fricción superficial, un bajo confort para el usuario y altos requerimientos de mantenimiento.

Posteriormente, entre las décadas de 1950 y 1970, se incorporaron metales tratados que mejoraron la durabilidad de los toboganes acuáticos, aunque las limitaciones relacionadas con el comportamiento térmico y con las posibilidades geométricas y de diseño persistieron.

Un cambio significativo se produjo a partir de la década de 1970, con la introducción de materiales compuestos, específicamente, las resinas poliméricas reforzadas con fibra de vidrio. Este salto tecnológico proporcionó una mejor relación resistencia/peso, una mayor durabilidad ante los agentes ambientales y, sobre todo, una libertad de diseño sin precedentes. Por fin fueron posibles las formas curvas y complejas.

Desde la década de 1990, a la optimización continua de estos materiales compuestos se sumó el uso generalizado de simulaciones computacionales en el diseño y el análisis estructural. Todo ello permite hoy incrementar aún más los niveles de seguridad, eficiencia y sostenibilidad de los toboganes acuáticos modernos.

Por Carlos Rodríguez, especialista en Hidráulica y Atracciones acuáticas en el Dpto. de Arquitectura de Amusement Logic

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