En la ciudad china de Luoyang, al suroeste de Pekín, acaba de abrir sus puertas un espacio que representa una de las últimas apuestas del turismo tecnológico chino por la inmersión colectiva. En ese espacio no hay cascos, ni sensores individuales, menos todavía gafas de realidad virtual. Basta con cruzar una puerta para entrar en otro mundo. El suelo, las paredes y el techo forman una pantalla continua en la que un flujo de imágenes y paisajes digitales arrastran al visitante a una realidad paralela. El recinto se llama Espacio Ilusión (幻境空间, Huànjìng Kōngjiān).
Mientras en Occidente la realidad virtual confía en gran medida en dispositivos individuales, en el país asiático, desarrollos como Espacio Ilusión exploran una vía distinta: espacios envolventes donde grupos de personas comparten la misma experiencia digital sin necesidad de interfaz física alguna. La instalación de Luoyang, de la que se han hecho eco medios occidentales y algunos perfiles tecnológicos en redes sociales, utiliza un sistema de proyecciones láser de alta definición, en combinación con el seguimiento multidimensional y un audio espacial.
La propuesta se aleja así del aislamiento que a menudo acompaña a los visores de realidad virtual. En salas como la de Luoyang, padres e hijos y grupos de amigos se mueven libremente, comparten la misma escena proyectada y, por tanto, la misma experiencia. No es un detalle menor. La dimensión social de la experiencia resulta tan relevante como la tecnología que la hace posible.
En los últimos años, distintas ciudades chinas han apostado por formatos de «realidad inmersiva compartida» aplicados al turismo cultural. En Pekín, por ejemplo, el distrito de Dongcheng cuenta con varios espacios distinguidos oficialmente como Centros de Experiencia de Consumo Digital de Pekín (北京信息消费体验中心). Entre ellos, Viaje a Través de China (穿越中国, Chuānyuè Zhōngguó), un lugar que combina butacas en movimiento con una pantalla panorámica de 270 grados para simular un vuelo sobre los paisajes más emblemáticos del país. Y el Centro de Arte Digital Yiyun (艺云数字艺术中心, Yìyún Shùzì Yìshù Zhōngxīn), también en la capital, dispone de 2.200 m2 dedicados a experiencias inmersivas que integran inteligencia artificial, sensores y motores de renderizado en tiempo real.
Más cerca del modelo de Luoyang, la sala Supreme Longmen (无上龙门, Wúshàng Lóngmén), ubicada en el área de servicio de las Grutas de Longmen —por cierto, patrimonio de la humanidad—, utiliza una cúpula holográfica de 17 m de diámetro. Ofrece una visión de 360 grados sobre la historia de la ciudad. El Ministerio de Cultura y Turismo chino distinguió la atracción como un proyecto innovador de turismo inteligente. Supreme Longmen combina tecnología inmersiva con un relato histórico patrimonial. Se ha convertido en uno de los destinos mejor valorados de la región.
La proliferación de estos espacios responde a una tendencia observable en el sector turístico chino: el recurso a formatos de «turismo digital» que no reemplazan la experiencia física, sino que la amplían. Lo que distingue la propuesta de Luoyang, y otras similares que han aparecido en centros comerciales y espacios de ocio de China, es su apuesta por la accesibilidad y la inmediatez. Las reservas de tiempo o las explicaciones técnicas previas resultan completamente innecesarias. El público entra, mira y está dentro de la atracción de inmediato.
Las reseñas de los visitantes mencionan con frecuencia la palabra «realista» y la sensación de «estar dentro de la película», sin los mareos que a veces acompañan a la realidad virtual convencional. En todo caso, la inmersión colectiva, sin gafas, se perfila como una línea de evolución del entretenimiento digital con aplicaciones potenciales en hoteles, resorts, parques temáticos y centros comerciales.
Fuentes: Dongcheng District People’s Government of Beijing Municipality, CCTV, Diario 13, Noticias 24 Hrs.
Imágenes: Capturas de pantalla de vídeos en Luoyang Essence y Trend Luoyang.





