Durante las tres décadas de ejercicio profesional en el diseño y la construcción de espacios de ocio y turismo, el equipo de Amusement Logic ha aprendido que los parques de éxito no son necesariamente los que invierten más en la altura de las atracciones o en la velocidad que se alcanza en ellas. Por el contrario, los parques que se anticipan y entienden mejor los deseos del público suelen ser los más prósperos. A este respecto, y con la mirada en el horizonte 2026-2030, tres tendencias determinarán las opciones de que un parque acuático o temático se convierta en referente del sector. Veámoslas.
El visitante busca naturaleza, no solo emoción
La primera tendencia que avanzamos es la biofilia. Esta tendencia consiste en la integración, desde el primer trazo del plano, de la vegetación, el agua y la luz natural como parte activa del diseño. Los parques del futuro próximo serán lugares en los que se difumine fácilmente la frontera entre las atracciones y el paisaje.
Las zonas de sombra se calcularán para reducir la fatiga térmica del visitante y, de paso, el consumo energético. Los recorridos peatonales se curvarán para salvar árboles existentes en lugar de talarlos. Las piscinas de olas o los ríos lentos se integrarán con terrazas escalonadas que imiten formaciones naturales.
En climas áridos o tropicales, esta profusión de espacios verdes no será un mero lujo estético, sino una necesidad funcional para que la gente quiera y pueda quedarse más tiempo en el parque. Al fin y al cabo, un visitante que se siente cómodo con el entorno, emplea más tiempo y gasta más dinero dentro del parque. La biofilia, bien aplicada, no es solo ecología decorativa. Es economía práctica.
Eficiencia energética e hídrica
La segunda tendencia afecta directamente a los parques acuáticos, pero también a las atracciones de ocio y turismo en general. Se acabó el modelo de gestión del agua y de aprovechamiento energético que consiste en el consumo indiscriminado y sin mayor preocupación. En la segunda mitad de esta década, la eficiencia hídrica y energética será un criterio de diseño tan importante como la seguridad estructural.
Hablamos de sistemas de ahorro energético y de adaptación de la demanda de energía al uso real. Hablamos de fuentes de energía sostenibles y ecológicas. Y también nos referimos a sistemas de tratamiento y recirculación de agua que pierdan menos del 5% por evaporación y salpicaduras. A sistemas de reciclaje; a toboganes acuáticos diseñados con perfiles que minimicen el arrastre de agua fuera del canal; a sensores que ajusten en tiempo real el caudal según la afluencia. Y, sobre todo, hablamos de parques que expliquen a sus visitantes cuánta energía y cuánta agua ahorran al día —porque el público cada vez lo pregunta más.
Pero la eficiencia no significa escatimar en diversión. Significa diseñar atracciones que usen el agua justa para generar la misma emoción con menos recursos. En regiones con estrés hídrico, esta capacidad será la diferencia entre obtener una licencia de apertura o quedarse en el papel.
La visita como una aventura progresiva
Llamemos a la tercera tendencia «gamificación» (del inglés gamification, algo así como jueguificación o ludificación). Cuando el visitante o el turista llega a un parque acuático, de atracciones o temático, suele colocarse en cola, montarse en una atracción tras la espera y, eventualmente, repetir. Sin embargo, en el modelo 2026-2030 que proponemos aquí, ese mismo visitante usará una aplicación exclusiva del parque y/o llevará una pulsera RFID (en inglés, Identificación por Radiofrecuencia).
Gracias a esa aplicación específica y/o a la pulsera RFID, por ejemplo, cada atracción que completen los visitantes y turistas sumará puntos a su perfil. Al acumular diez, subirá de nivel. Al alcanzar determinado rango, obtendrá acceso prioritario a una fila rápida. Misiones diarias —por ejemplo: «lánzate en tres toboganes antes de las dos de la tarde»— darán pequeños premios: un helado, un descuento en la tienda, una fotografía gratis…
La idea es convertir la visita al parque en una experiencia con ritmo, objetivos y recompensas. Pero las recompensas no tienen por qué ser costosas para el operador del parque. Un acceso prioritario, un asiento reservado en un espectáculo o un reconocimiento público en una pantalla de la entrada cuestan muy poco y generan una enorme satisfacción en el visitante. El resultado de esa capa lúdica de la experiencia es, en cambio, medible: los visitantes pasan más horas dentro, prueban atracciones que de otro modo ignorarían, comparten sus logros en redes sociales —lo que se traduce en marketing gratuito— y, sobre todo, quieren repetir y volver para superar su propia marca.
Quizá de forma menos evidente, la gamificación permite al mismo tiempo distribuir los flujos de gente. El sistema daría más puntos para atracciones con menos afluencia, con lo que reduciría las congestiones. Además, recopilaría datos de comportamiento que ayudarían a ajustar horarios, personal de atención y oferta de restauración.
Las tres tendencias funcionan juntas
Estas tres líneas de acción no son excluyentes. Un parque biofílico, con vegetación integrada y sombras naturales, es el escenario perfecto para una experiencia de gamificación, gracias a la que el visitante se siente protagonista. Por otro lado, la eficiencia hídrica libera recursos económicos para su reinversión en esa misma tecnología de sensores y pulseras o cualquier otra necesidad.









