Félix Candela (1910-1997), constituye una figura capital en la arquitectura del siglo XX por su singular capacidad para integrar diseño y estructura bajo principios de economía constructiva, sencillez formal y versatilidad espacial. Aunque poseía un profundo dominio técnico, su verdadera fuerza residía en la concepción de espacios de gran expresividad, lo que le valió ser reconocido como un arquitecto esencialmente estructurista.
Tras formarse en Madrid y participar en la Guerra Civil como capitán de ingenieros, se exilió en México en 1939. Esta nueva etapa profesional llevó a Candela a colaborar con los hermanos Fernández Rangel. Una década después, fundó la empresa Cubiertas Ala, plataforma desde la que desarrolló sus célebres cascarones de hormigón armado.

Los cascarones de hormigón armado de Candela son estructuras laminares, extraordinariamente delgadas y resistentes. Durante las décadas de 1950 y 1960, la arquitectura de esas estructuras laminares le atrajo atención internacional. Su activa participación en congresos especializados y sus publicaciones en el American Concrete Institute consolidaron su prestigio técnico. En 1961 recibió el premio Augusto Perret y su empresa comenzó a recibir encargos en numerosos países.
A partir de 1971, tras completar el Palacio de los Deportes para los Juegos Olímpicos de México, trasladó su residencia a Estados Unidos, donde se dedicó plenamente, como profesor en la Universidad de Illinois, a la docencia y la investigación en arquitectura.

Aunque concibió numerosos proyectos de gran ambición, solo una parte de ellos llegó a materializarse. Su legado más distintivo permanece ligado al dominio formal y estructural del paraboloide hiperbólico, geometría que definió obras icónicas como el Laboratorio de Rayos Cósmicos de la UNAM, la iglesia de La Milagrosa, el restaurante Los Manantiales y el mencionado Palacio de los Deportes para los Juegos Olímpicos de México.
Por Alberto López, ingeniero de estructuras sénior en el Dpto. de Arquitectura de Amusement Logic


