El diseño de tirolinas para instalaciones de ocio y turismo tiene en el sistema de frenado uno de los elementos fundamentales para la seguridad y el desarrollo de la actividad en buenas condiciones. A este respecto, contamos con dos grandes familias de sistemas de frenado en tirolinas: los activos, en los que el usuario regula la intensidad de frenado, y los pasivos, que actúan de forma automática sin intervención del participante. Veamos en qué consiste cada una de estas familias:
Los sistemas activos de frenado permiten regular la velocidad de descenso y facilitan la llegada a plataformas cortas. Sin embargo, su uso requiere cierta destreza, lo que los hace poco recomendables para un público familiar o no experimentado. Un ejemplo de las opciones dentro de esta familia es el bloque de frenado (brake pad en inglés), que consiste en una zapata integrada en el carro que fricciona gradualmente, al ser accionada, contra el cable de descenso.

El objetivo de los sistemas pasivos, por el contrario, es detener el carro con suavidad, en la menor distancia posible para optimizar la experiencia, al final del recorrido. El más sencillo de estos sistemas es el frenado por gravedad, que aprovecha la catenaria del cable para generar un punto más bajo que frena al usuario antes del final del recorrido. Su principal inconveniente es que exige una larga zona de frenado, lo que amplía los tiempos de operación y produce balanceos. Además, en ocasiones, si el usuario no desembarca, es necesaria una recuperación asistida con la que, en cualquier caso, el sistema ya cuenta. Debido a su bajo coste y su fácil mantenimiento, se emplea sobre todo en parques públicos.
Otros sistemas pasivos incluyen métodos de amortiguación al final del descenso. Un ejemplo de estos son los muelles alrededor del cable, los cuales, dispuestos en serie, combinan diferentes durezas para ajustar el frenado. En algunos casos, este sistema cuenta con un mecanismo de atrape que evita el rebote. Otro ejemplo es la cuerda elástica o bungee. En este caso, un carro de frenado conectado a una cuerda elástica con varias opciones de tensado desde la plataforma, atrapa al usuario.
De todos ellos, el sistema más avanzado tecnológicamente es el freno magnético, el cual carece de elementos elásticos o de fricción. Utiliza un enrollador con imanes que incrementa la vida útil y la seguridad del conjunto. Un resorte devuelve el carro de frenado a su posición inicial tras cada uso. Aunque su coste es elevado, resulta el sistema más cómodo y efectivo, y permite desmultiplicar la fuerza mediante poleas para duplicar la distancia de frenado en un ratio 2:1.

Además de los sistemas de frenado final, existen carros con regulación pasiva de velocidad integrada. Incorporan un mecanismo centrífugo que aproxima imanes de frenado a medida que aumenta la velocidad. De esa forma, aplican una mayor fricción de forma automática e independientemente del peso del usuario. Esta solución resulta especialmente útil en recorridos con mucha pendiente, ya que reduce la longitud necesaria para la zona de frenado.
Por Miquel Solís, arquitecto sénior en el Dpto. de Arquitectura de Amusement Logic





