Los pequeños embalses y las pozas de los ríos han servido tradicionalmente como lugares de baño y esparcimiento para las poblaciones locales. Sin embargo, el movimiento demográfico y turístico hacia las costas relegó parcialmente estos enclaves a un lugar secundario, con una afluencia modesta y sostenible, aunque fiel.

Este equilibrio se ha visto drásticamente alterado en los últimos años. El crecimiento de la población, la mejora de accesos y, sobre todo, la difusión de estos parajes en redes sociales, ha incrementado el número de visitantes. La combinación de la masificación con la capacidad limitada de estos lugares, convierte con frecuencia la experiencia esperada por los visitantes en un problema logístico y de seguridad.

Los municipios afectados, a menudo de pequeño tamaño y con recursos limitados, se ven desbordados ante esta nueva realidad. En respuesta, implementan diversas estrategias de gestión. En algunos casos, establecen una tasa de acceso, cuya recaudación se revierte en servicios esenciales como socorrismo, mantenimiento, limpieza y ordenación del aparcamiento. Otras localidades optan por un sistema de reservas previas para controlar el aforo sin establecer un cobro directo. En los casos de mayor impacto ambiental, donde la flora y la fauna autóctonas se ven gravemente amenazadas, las autoridades se ven obligadas a menudo a prohibir el acceso.

Es fundamental entender que los parajes naturales de especial interés como los embalses y pozas de río son recursos colectivos que, con una gestión adecuada, reportan un beneficio social y económico a las comunidades locales. Para ello, es clave diversificar la visita, tanto a lo largo del año como en las horas del día, para evitar los picos tradicionales (agosto, fines de semana, horas centrales del día, etc.).

Como alternativa de gran valor, tanto por su accesibilidad controlada como por su seguridad, ganan protagonismo las piscinas naturalizadas —o, por ejemplo, los parques de canyoning. Estos espacios artificiales incorporan elementos como rocas, cascadas, playas de entrada suave y saltos de agua. Lo cierto es que ofrecen una experiencia similar a la natural. Su construcción representa una solución eficaz para reducir la presión sobre los frágiles ecosistemas fluviales. Al fin y al cabo, están específicamente diseñados para soportar un uso recreativo intensivo y permiten una gestión integral y sostenible del espacio.

Por Miquel Solís, arquitecto sénior en el Dpto. de Arquitectura de Amusement Logic

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