Hay objetos que parecen irreales, que no crees en ellos si no es porque los tienes delante y los tocas; parecen modelados por computadora y, sin embargo, existen. La cabaña Softshell es uno de esos raros objetos. A primera vista, su silueta angular y su lona tensa recuerdan a una tienda de campaña para huéspedes gigantes. Y es que, claro, hay algo que no encaja: su interior tiene dos plantas y sobresale una chimenea como de fábula por uno de sus laterales. Y no, no es una tienda de campaña para gigantes, al menos, no solo eso. Y tampoco es una de esas cabañas al uso que podemos encontrar en un camping. Es más especial, es más bien, una estructura híbrida.

Softshell nació de una colaboración entre el estudio de arquitectura danés Bjarke Ingels Group (BIG) y Nokken —fabricante que se describe como «un hotel en un paquete», o «un ecosistema que contribuye al florecimiento de los negocios dentro del pujante sector de los retiros en la industria hotelera»—. El objetivo que se marcaron era ambicioso: crear una estructura que pudiera transportarse, montarse en lugares remotos y, al mismo tiempo, tener la presencia y la solidez de un edificio permanente. Finn Nørkjær, socio de BIG, lo expresa así en declaraciones que recoge Archinect: «crear algo que cuestionara la idea de la arquitectura temporal». Ese es precisamente uno de los rasgos que hacen de Softshell una cabaña tan especial, tan sólida, tan… de fábula. «Equilibra movilidad y permanencia», insiste Finn, «es lo bastante ligera para trasladarse, pero diseñada con la profundidad y la sensibilidad de una arquitectura del largo plazo».

Las cabañas Softshell cuentan con una superficie interior de 18 m2, distribuidos en dos niveles, con una base cuadrada de 4,2 m de lado y una altura de 4,75 m en su punto más alto. Su estructura combina un armazón de madera laminada encolada, con una lona de algodón y poliéster de fabricación artesanal española —disponible en caqui, verde oscuro, azul marino y otros colores—, resistente a la intemperie. Puede complementarse con una capa de aislamiento para climas fríos. Y los interiores se visten con lo que BIG denomina Softshell Suite, «un sistema interior autónomo (…), con una pequeña cocina, un cuarto de baño privado y un dormitorio en el altillo al que se accede mediante una escalera». El diseño de la planta baja incluye espacio para una cama de matrimonio o un sofá cama, y una pequeña zona de estar con una estufa de leña.

Uno de los aspectos más interesantes de la Softshell es su sistema de montaje. Cada unidad se envía en 4 cajas y se ensambla por un mínimo de 2 personas en unas pocas horas. Basta para ello con unir los extremos precortados de la madera con pernos metálicos. Ni cimientos de hormigón ni excavaciones: se apoya sobre bases modulares de madera que se adaptan al terreno. Esta característica la convierte en una solución idónea para lugares donde la construcción tradicional es complicada o costosa: bosques, desiertos, zonas protegidas o terrenos de difícil acceso.

Nokken ofrece opciones adicionales: aislamiento acústico, extensión de terraza, paneles solares, sistemas domóticos. El precio base parte de unos €20.800. Para el subsector del camping denominado glamping, y también para la nueva tendencia de los eco-resorts, Softshell representa una alternativa a las yurtas y las tiendas de safari que han dominado el mercado durante los últimos años. Para los viajeros que buscan experiencias inmersivas en la naturaleza sin renunciar por ello a las comodidades y, por qué no, tampoco al diseño, Softshell es quizá una de las mejores respuestas: una estructura que se monta en horas, se desmonta sin dejar rastro y con un diseño que le confiere la presencia de algo construido para permanecer.

Fuentes: Nokken, BIG, Archinect, Elle Decor.
Imágenes: Nokken.

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