En la orilla norte del río Maros —que establece una parte de la línea fronteriza entre Hungría y Rumanía—, 33 km al este de la ciudad de Szeged, se encuentra la pequeña localidad rural húngara de Makó. Rodeada de campos, la ciudad es conocida por el cultivo, entre otras hortalizas, de cebollas por toneladas. No tendría sentido mencionar este detalle, si no fuera porque las cebollas tienen una relación directa con el proyecto al que dedicamos estas líneas. Y es que, en Makó, un edificio con forma de cebolla se ha convertido en una de sus señas de identidad.

Se trata del Hagymatikum, un balneario termal y medicinal cuyo nombre, igual que su forma, también rinde homenaje al producto más famoso del pueblo. «Hagymatikum» es una palabra compuesta que juega con el término hagyma («cebolla» en húngaro) y la terminación de hungarikum (voz que designa los productos típicamente húngaros). Podríamos traducirlo como «Cebolliticum»… No, mejor nos quedamos con Hagymatikum.

La historia del Hagymatikum comienza en 1956, cuando una perforación petrolera, al llegar a una profundidad de 993 m, en vez de petróleo, dio con agua termal a 41 Cº. A partir de ese momento, lo que al principio se utilizó como una piscina provisional con fines higiénicos —a la que los vecinos llamaban cariñosamente «néplavór», algo así como «palangana del pueblo»—, ganó poco a poco importancia. Ya en 1963 se inauguró oficialmente el primer edificio de baños, con una torre y un reloj que se convirtió en un hito característico de Makó. En 1982, las piscinas de higiene dieron paso a un departamento médico y, en 1991, el balneario obtuvo la calificación de Balneario Medicinal de Distrito.

Sin embargo, el verdadero salto —o quizá mejor decir chapuzón— llegó con el cambio de siglo, cuando las autoridades vislumbraron que el turismo termal sería un motor económico para la ciudad. Entonces, encargaron el diseño del nuevo complejo termal a Imre Makovecz, el arquitecto húngaro más reconocido internacionalmente, representante cabal de la arquitectura orgánica y autor, entre otras obras, del pabellón de Hungría en la Expo de Sevilla de 1992. De hecho, Makovecz ya había diseñado anteriormente en Makó hasta 14 edificios públicos.

El proyecto, sin embargo, no estuvo exento de dificultades. El coste estimado en sus inicios se disparó, el concurso público quedó desierto y hubo que recortar el programa: se eliminaron la piscina cubierta de 25 m, la zona familiar y la piscina de actividades con salida al exterior. Además, en agosto de 2011, un incendio destruyó parte de la estructura de madera de la cúpula, entonces en construcción. Este hecho obligó a redoblar esfuerzos para cumplir plazos. Por desgracia, Makovecz falleció en septiembre de ese mismo año, sin llegar a ver su obra terminada. El Hagymatikum abrió sus puertas el 20 de enero de 2012.

El edificio es, en palabras del propio Makovecz, la culminación de su búsqueda de la arquitectura como «unión armoniosa de edificio y entorno». Su forma exterior, con sus cúpulas bulbosas, remite inevitablemente a las cebollas de Makó, pero también a las cúpulas de los baños turcos y a las formas orgánicas que caracterizan su estilo. En total, 29 cúpulas de distintos tamaños se distribuyen por el conjunto. El interior, decorado con alas de ángel, cabezas humanas estilizadas, motivos vegetales sinuosos y profusión de madera en las cubiertas, tiene algo de santuario, o incluso de iglesia en la que se rinde culto a la salud y el bienestar.

Sus aguas termales, de composición alcalino-hidrógeno-carbonatada, es adecuada para el tratamiento de enfermedades articulares y de la columna, artritis, neuritis, dolores nerviosos y atrofia muscular. A ello se suma el barro medicinal del río Maros, uno de los 5 productos de este tipo registrados en Hungría, con propiedades para afecciones dermatológicas, neurológicas, musculoesqueléticas crónicas e inflamaciones ginecológicas.

El área de las saunas es de las más amplias del país, con cabinas de vapor, sauna íntima, sauna de luz, sauna de hierbas, sauna aromática, cabina de infrarrojos, sauna de Makó —decorada con la cebolla local—, entre otras. Piscina de inmersión, dispensador de hielo, duchas de experiencia y una zona infantil, incluido un pequeño parque de aventuras, se añaden a las atracciones del parque termal. En 2024, el complejo se amplió con una nueva ala de casi 2.500 m2, con una zona familiar y de aventura acuática, una torre de toboganes acuáticos con salidas desde 12 m de altura, una piscina termal parcialmente cubierta, un bar dentro de la piscina y una terraza para tomar el sol.

El Hagymatikum obsequia a los profesionales del ocio y el turismo —a nosotros también—, con una lección interesante: un edificio singular, con identidad visual poderosa y una historia que entrelaza patrimonio, salud y arquitectura, ha transformado una pequeña localidad en un destino turístico de relevancia.

Fuentes: Hagymatikum, Wikipedia, Visit Hungary.

¿Le ha gustado la noticia? ¡Compártala en sus redes!