Un método ingenioso y fascinante —y poco conocido— permitió al arquitecto Antoni Gaudí visualizar, mucho antes de que existieran las computadoras modernas, la distribución de fuerzas en una estructura. Se trata del método de la maqueta funicular o, más concretamente, de la maqueta polifunicular.

Una maqueta polifunicular consiste en una representación invertida de un edificio. A partir de un plano de su planta, Gaudí colgaba cuerdas y, en los puntos medios o en otros estratégicos, fijaba pequeños sacos lastrados. Estos sacos diminutos producían de forma natural, gracias a la gravedad, una serie de curvas de fuerza conocidas como catenarias. Estas catenarias distribuían el peso de manera uniforme y, al quedar en equilibrio, eliminaban los esfuerzos innecesarios.

En esa posición invertida —o sea, colgante—, las cuerdas trabajaban a tracción y trazaban en el aire arcos y bóvedas. Después, Gaudí colocaba un espejo bajo la maqueta —o, según otras fuentes, la fotografiaba y giraba la imagen—, de forma que, las líneas que antes colgaban, se convertían ahora en arcos y columnas sostenidos desde abajo, como si trabajasen a compresión, exactamente igual que lo harían la piedra o el hormigón.

De este modo, el arquitecto catalán obtenía una estructura muy estable y eficiente sin necesidad de realizar complejos cálculos matemáticos. Que sepamos, Gaudí utilizó el método de la maqueta polifunicular en el diseño de la iglesia de la Colonia Güell —de la que solo llegó a construirse la cripta—, como quedó registrado en una antigua imagen. La experiencia resultó tan exitosa, que aplicó posteriormente los mismos principios en el diseño del Templo Expiatorio de la Sagrada Familia, la obra más monumental de cuantas creó.

Con su innovador método, el arquitecto combinó arquitectura e ingeniería de una manera que nadie antes había logrado. Cuando observamos algunos de sus edificios, no podemos por menos de afirmar que su método, el de la maqueta polifunicular, determinó en gran medida la forma de aquellos. O, dicho de otra forma, en lugar de imponer una geometría arbitraria a la materia, dejó que las propias leyes de la física encontraran la forma más adecuada para construir. Así, sus proyectos se hicieron tan ligeros y sólidos como originales.

Por Carlos Rodríguez, especialista en Hidráulica y Atracciones acuáticas en el Dpto. de Arquitectura de Amusement Logic

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