Cuando paseamos por nuestras ciudades un día soleado, rara vez pensamos en lo que ocurre bajo nuestros pies. Sin embargo, a decenas de metros de profundidad, hay unas verdaderas catedrales de hormigón a la espera de cumplir una misión esencial: almacenar el agua pluvial cuando llueve con demasiada intensidad. La función de esos gigantescos tanques, llamados «tanques de tormenta», es precisamente retener las primeras aguas, las más contaminadas al arrastrar la suciedad acumulada en calles y superficies. Una vez que cesa la lluvia, el agua almacenada se bombea de manera progresiva y controlada hacia la depuradora para su tratamiento.
Los tanques de tormenta previenen inundaciones al actuar como amortiguadores hidráulicos. Al retener el volumen pico de la riada, evitan el colapso de la red de alcantarillado y que el agua irrumpa por sumideros e imbornales e inunde calles y sótanos. En segundo término, protegen el medio ambiente al evitar los vertidos directos de «aguas mixtas» sin tratar a los cauces naturales. Sin estas infraestructuras, cada episodio tormentoso lanzaría a los ríos toneladas de basura y contaminantes, con un impacto devastador en el ecosistema acuático. Por último, contribuyen a la eficiencia energética, ya que permiten que las plantas depuradoras funcionen a un ritmo óptimo, sin excesos de trabajo inmanejables y costosos.

La ciudad de Madrid, capital de España, cuenta con la red de tanques de tormenta más extensa del mundo, en relación con su tamaño. Un ejemplo emblemático es el tanque de Arroyofresno, el más grande de España y uno de los mayores del planeta. Se trata de una obra faraónica con una capacidad de 400.000 m3, equivalente a ocho veces el volumen del estanque del parque del Retiro de la misma ciudad.

La ingeniería hidráulica alcanza escalas casi de ciencia ficción en otros lugares. En Kasukabe, Japón, se encuentra el llamado «Partenón subterráneo» (oficialmente, G-Cans Project o Canal de Descarga Subterráneo), que protege a la metrópolis de Tokio de los tifones. Es famoso por su inmensa sala principal, sostenida por 59 pilares colosales, y su capacidad de bombear 200 t de agua por segundo. Y en Chicago, EE.UU., se extiende el «túnel profundo» (en inglés, Tunnel and Reservoir Plan), un sistema arterial de más de 175 km de túneles que protege al lago Michigan de la contaminación.
Por David González Molina, gestor BIM en el Dpto. de Arquitectura de Amusement Logic

