Las instalaciones de protección contra incendios son esenciales para la seguridad en edificios. Los objetivos de estas son la prevención del incendio, la limitación de su propagación y la protección de las personas y los bienes. Para lograrlo, se requiere una combinación de protección pasiva mediante el diseño de la arquitectura, protección activa a través de sistemas de detección y extinción, y soluciones adecuadas de evacuación y autoprotección.
El primer paso en el diseño de infraestructuras contra incendios consiste en identificar el nivel de riesgo. Posteriormente, estamos en condiciones de dimensionar la protección de forma proporcional.
La clasificación de niveles de riesgo se fundamenta en dos ejes:
-El uso y la ocupación, es decir, la actividad que se desarrolla en el edificio y la cantidad de personas que acoge.
-La carga de fuego: un concepto técnico que cuantifica la energía térmica que se liberaría en caso de combustión total de los materiales existentes.
Una vez determinado el nivel de riesgo, se definen las necesidades específicas en cada aspecto de la protección contra incendios:
-La protección pasiva consiste en el uso de materiales ignífugos y en el sellado de espacios para sectorizar el fuego y evitar su propagación.
-Por su parte, la protección activa opera de forma dinámica, e incluye sistemas de detección —como sensores de humo o de calor que alertan en milisegundos— y sistemas de extinción —como aspersores, extintores, bocas de incendio o hidrantes. También se incluyen en esta categoría los sistemas de ventilación que mantienen las vías de escape libres de gases tóxicos.
-Finalmente, la evacuación se sirve del diseño de recorridos protegidos y de la instalación de señalización e iluminación fotoluminiscente, para una respuesta humana ordenada y eficaz.
Por Juan Carlos Soria, ingeniero MEP sénior en el Dpto. de Arquitectura de Amusement Logic






