El Departamento de Diseño de Amusement Logic lanza una nueva propuesta para el ocio y el turismo, un hotel resort que se adapta al clima extremo de su hipotética ubicación. En este caso, el clima, y en particular el viento, o mejor, el aprovechamiento de este meteoro que transforma el paisaje, determina su arquitectura.
Este complejo turístico se extiende sobre el terreno mediante volúmenes bajos y parcialmente semienterrados. Sus superficies, que no oponen resistencia al soplo del viento, replican la forma danzante que este confiere a las dunas. No obstante, su geometría general responde también, inevitablemente, a necesidades funcionales precisas.
Los edificios producen sombras prolongadas en su perímetro y conducen la brisa hacia patios, terrazas y zonas acuáticas. Las habitaciones se distribuyen alrededor de pequeños oasis resguardados, mientras los corredores, estrechos y sombreados, conectan las distintas áreas. La recepción, los restaurantes, el spa y los espacios de descanso parecen excavados entre grandes acumulaciones minerales, integrados en el paisaje como si siempre hubieran estado allí.
El agua ocupa los puntos más resguardados del complejo turístico. Piscinas de trazado libre, canales poco profundos y pequeños estanques impregnan de humedad la atmósfera, aportan movimiento y un juego de reflejos en los entresijos del hotel resort. Torres captadoras de viento —o bâdgirs—, patios profundos, celosías que tamizan la luz, cubiertas ajardinadas y superficies de gran inercia térmica completan el ambiente de comodidad que reina en la calma del establecimiento. La vegetación, por supuesto, se reduce a especies adaptadas al clima —palmeras, gramíneas y plantas xerófitas— y se agrupa alrededor de las zonas de estancia, donde aporta sombra, frescor y privacidad.
El edificio principal contiene los servicios comunes y actúa como hito visual y punto de referencia del hotel resort. Las habitaciones, semienterradas y provistas de patios privados, son refugio de intimidad. La piscina central late como el corazón del complejo turístico, mientras que pequeños oasis secundarios se distribuyen entre el resto de edificios.
Los pavimentos, en tonos arena, piedra caliza y tierra rojiza, refuerzan la integración cromática con el desierto, mientras la iluminación nocturna, indirecta y tenue, revela las formas del hotel resort sin competir con el cielo estrellado y la luna de oriente. Así, la arquitectura se alía con el desierto. Viento, sombra, tierra y agua se convierten en motivos del proyecto, de este centro turístico donde el viajero, además de alojarse, alcanza una íntima comunión con el paisaje.
Por Manuel Devesa, arquitecto en el Dpto. de Diseño de Amusement Logic



