Los clubs de playa de Bali, Indonesia, comparten mayoritariamente un mismo lenguaje formal: un diseño que prioriza lo práctico sobre lo memorable, tumbonas alineadas, piscinas más o menos convencionales, música alta… Sin embargo, en los acantilados de Nyanyi Beach, dentro del desarrollo Nuanu Creative City, en la regencia de Tabanan, un club de playa no sigue esa pauta. Su propuesta se despliega en una geometría de formas y de materiales que produce, al menos, sorpresa… como si nos encontráramos de pronto con un enjambre de insectos desconocidos —o un animal multiforme; o una exótica formación vegetal— en medio de la selva. Es Luna Beach Club.

Laura R. Tika y Charlie Hearn, del estudio de arquitectura y diseño Inspiral Architecture and Design Studios, con sede en la misma isla de Bali, organizaron el espacio de acuerdo con la sucesión matemática de Fibonacci —la cual comienza con dos números naturales y continúa a razón de la suma de los dos anteriores—. También conocida como la proporción áurea, que rige el crecimiento de plantas y otras formas biológicas, en Luna Beach Club la sucesión se reproduce en múltiples elementos, y sirve para conectar flujos de visitantes y distribuir los volúmenes sobre el terreno de 19.000 m². La disposición final no impone un recorrido único, sino que permite descubrimientos sucesivos: una escalera que lleva a una terraza, un puente de bambú que cruza la piscina, una red suspendida que enlaza dos plataformas, un tobogán que lleva a una piscina, la cual lleva a su vez a una barra del bar y desemboca en el atardecer…

En el centro del club de playa se levanta el edificio principal, una estructura de doble curvatura que los arquitectos describen como un vórtice. Es el primer edificio del mundo que combina bambú y basalto en un sistema estructural híbrido. El bambú, ligero y renovable, se refuerza con bases de basalto, una roca volcánica que aporta rigidez sin el peso del acero. La cubierta, una membrana semi translúcida, permite el paso de la luz durante el día y se ilumina desde dentro al anochecer.

Una piscina de tipo laguna conecta con el mar y abraza la barra del Utopia Cave Club, un espacio accesible por un tobogán acuático. En la zona boscosa, plataformas elevadas de materiales reciclados —madera recuperada, paneles de fibras— sobresalen entre los árboles, enlazadas por redes, túneles y pasarelas que invitan a recorrer el espacio desde la altura. En un extremo más apartado, el pabellón Elysium, concebido para ceremonias, meditación o yoga, resuelve un vano de 20 m de luz sin recurrir al hormigón, mediante paneles SIP (siglas en inglés para Paneles Estructurales Aislantes).

La apuesta por la sostenibilidad no se limita a la elección de materiales. El estudio utilizó hormigón solo cuando fue estrictamente necesario y recurrió en su lugar a calizas, cubiertas vegetales y refuerzos de basalto para reducir la huella de carbono. El proceso de construcción requirió una fase extensa de prototipado y formación y preparación de equipos humanos locales. El proyecto recibió el galardón de plata en la categoría de Arquitectura Sostenible y Verde en los International Architecture & Design Awards 2024.

Fuentes: Luna Beach Club, Frame Magazine, Escape, The Monopolitan.
Imágenes: Luna Beach Club.

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