La lluvia ocasional en lugares como Abu Dabi, en Emiratos Árabes Unidos, a veces torrencial, puede convertirse en una molestia o, peor aún, en un fenómeno que trae inundaciones —como de hecho ocurrió apenas hace un mes—. Sin embargo, Jubail Island, una urbanización residencial frente al mar en el Distrito Central de la ciudad, ha desarrollado e implantado un sistema de gestión del agua sencillo, pero eficaz, con una buena medida de sentido común aplicado al cuidado del ecosistema y la previsión del futuro. Veamos cómo funciona este sistema inteligente de gestión del agua.
Durante años, las ciudades de la región han respondido a los episodios de lluvia con soluciones de drenaje convencionales: canalizaciones, bombeo y asfalto. Se trata de un problema bien conocido para cualquier operador que gestione un hotel resort, un complejo turístico o un desarrollo residencial en una zona árida: cuando llueve con intensidad, nada retiene el agua, que no encuentra por dónde infiltrarse en el terreno. El suelo sellado por el hormigón y el asfalto, junto con la falta de vegetación natural, provoca encharcamientos, avenidas, escorrentías y, por ende, daños en infraestructuras. Eso además del desperdicio de un recurso que, en cualquier otro contexto, sería bienvenido.
La solución de Jubail Island no recurre a grandes obras de ingeniería. A lo largo de la isla, se ha dispuesto una serie de estanques de retención, ubicados estratégicamente e integrados en parques y espacios públicos. Durante los episodios de lluvia, estos estanques recogen el agua de escorrentía, evitan que inunde calles o parcelas, y reducen la presión sobre los sistemas de drenaje tradicionales. Pero ahí no termina la cosa: con el paso de los días, el agua acumulada se infiltra lentamente en el terreno.
Este proceso de retención de agua y recarga de los acuíferos alimenta al mismo tiempo a la vegetación autóctona y contribuye al ecosistema de los manglares que bordean la isla. De este modo, el agua de lluvia —antes vista como una molestia— se convierte en un recurso activo para el riego natural, y para reducir la dependencia del agua tratada o procedente de instalaciones desaladoras. El círculo se cierra con un beneficio adicional: los estanques, cuando no llueve, forman parte del paisaje. Aportan frescura a la atmósfera, riqueza paisajística, actividad biológica y un punto de encuentro agradable para residentes y visitantes.
Desde el punto de vista de la hostelería y el ocio, este tipo de soluciones tienen implicaciones prácticas inmediatas. Un hotel resort o un complejo turístico que integra sistemas similares reducirá sus costes de mantenimiento de zonas verdes, minimizará riesgos operativos durante lluvias intensas y ofrecerá un entorno más estable y atractivo a sus huéspedes. Pero también hay una cuestión estratégica: los viajeros valoran positivamente los alojamientos que demuestran una gestión responsable del agua y del medioambiente.
El sistema de Jubail Island no es una rareza ni un experimento. Forma parte de una tendencia más amplia de un urbanismo que entiende las infraestructuras como una oportunidad para mejorar la resiliencia ambiental y, de paso, la calidad de vida de huéspedes y residentes. Para arquitectos y diseñadores, hay una lección clara: trabajar con el ciclo natural del agua, por reducido que sea en los climas áridos, exige observar el territorio, entender sus ritmos y evitar la tentación de resolverlo todo con tuberías más grandes. Para los profesionales del turismo, Jubail Island demuestra que lo sostenible no está reñido con lo confortable, y que una buena gestión del agua puede ser, más allá de su necesidad, un argumento de valor para el viajero contemporáneo.

Fuentes: Construction Week Online, Gulf News, LEAD Development, El Correo del Golfo.
Imágenes: LEAD Development.









