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Este refrán tiene equivalentes en prácticamente todos los idiomas del mundo, casi siempre ironizando sobre la figura del generalista frente al experto. Según los coreanos “el hombre de muchos talentos no tiene para cenar”, y en Holanda dicen “12 oficios, 13 accidentes”. Es probable que esto se deba a que las civilizaciones han evolucionado a lo largo de los siglos hacia una creciente especialización de los oficios. Mientras que en las tribus primitivas (o en el caso de Robinson Crusoe) cada individuo debe saber de todo para lograr sobrevivir, en las sociedades industriales se reparten las tareas y se intercambian los frutos del trabajo.

Pero en el mundo actual se aceleran los cambios y una excesiva especialización se percibe como una estrategia arriesgada. El que arreglaba máquinas de escribir se ha quedado sin empleo, el que alquilaba películas de vídeo ha desaparecido, el que se jugó los ahorros en un único producto financiero lo perdió todo. De allí el otro refrán sobre “ colocar todos los huevos en la misma cesta”.

El dilema entre la diversificación y la especialización aparece también en el mundo del ocio, con diferentes estrategias según la madurez del mercado. En un país con pocas alternativas lúdicas, un único proyecto suele englobar muchas alternativas diferentes (boleras, toboganes, atracciones mecánicas, kartings, etc.), mientras que en mercados maduros las instalaciones se especializan y se diferencian para poder competir en nichos específicos. Cada uno intenta ser el mejor en algo.

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Como se puede observar, hay refranes para todos los gustos. Así que no hay una receta mágica, una respuesta genérica a la dicotomía entre ser generalista o experto.
Pero sí que es importante hacerse la reflexión antes de definir el contenido de un proyecto de ocio.