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2015 ha sido un año de fusiones y adquisiciones de alto nivel en el sector hotelero: IHG compró Kimpton, Marriott se fusionó con Starwood y Accor anunció la absorción de FRHI, dueños de las marcas de lujo Fairmont, Raffles y Swissôtel. (En España, fue noticia en julio el traspaso de la cartera inmobiliaria Testa de Sacyr a Merlin Properties).

Mientras tanto, el relativamente desconocido grupo chino Jin Jiang ha ido comprando hoteles discretamente hasta alcanzar ya el quinto lugar del ranking mundial en término de número de habitaciones:
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El tamaño importa para los grandes grupos hoteleros, pues están sometidos a una triple presión: para mostrar crecimientos a sus accionistas; para persuadir a franquiciados y propietarios de que pueden atraer a clientes; y para servir a estos clientes en todos los segmentos de tantos mercados como sea posible. Y en la última década se ha sumado la amenaza de las fusiones de agencias de viaje online, cada vez más poderosas, y el fenómeno AirBnB.

Esta consolidación hotelera no es necesariamente buena para los usuarios, pero es una respuesta ya utilizada en otros sectores ante situaciones económicas difíciles. Por ejemplo, las fusiones de compañías aéreas salvaron la industria durante la recesión de la última década. Por eso se rumorea que la tendencia continuará en 2016, con Hyatt, Hilton o IHG aparentemente en juego para más ventas o fusiones.