El turismo de élite da un paso más y flirtea sin tapujos con el mundo del arte contemporáneo.

Art Hotel

Es una manera de admitir que el gusto y la exclusividad se pueden medir con otros baremos que no sean la jerarquía (un poco castrense) de 1 a 5 estrellas. Así nació el concepto del boutique hotel, que en poco más de un lustro se ha extendido a los cinco continentes, y se abre paso ahora esta nueva categoría. El art hotel incide también en la idea de lo único, no ya por la vertiente de la moda, sino directamente por la más excelsa del arte puro y actual.

¿En qué consiste específicamente un art hotel? Porque la etiqueta puede dar lugar a cierta (a veces pretendida) confusión. Hoy día se construyen -o remodelan- hoteles que podrían ser considerados hoteles de arte por su propia arquitectura (cuando son creación o intervención de arquitectos estrella) o bien por su interiorismo y diseño (como es el caso de casi todos los que toca el francés Philippe Starck). El art hotel es otra cosa: es aquel cuyas paredes y ámbitos flirtean con el arte de vanguardia de todos los modos posibles, bien sea exhibiendo obras creadas por artistas de prestigio para ese lugar, bien sea rotando en sus instalaciones obras que el cliente puede adquirir, o bien, en muchos casos, convirtiendo espacios del propio hotel en galería de arte.

Como se pisa el terreno del arte, la plataforma Art Facts, que se define como galería internacional online y guía de arte contemporáneo y emergente (www.artfacts.net), ha querido sentar una especie de canon atribuyendo la etiqueta de art hotel a siete hoteles en el mundo: dos en EE UU (The Gershwin Hotel y Roger Smith Hotel, ambos en Nueva York), uno en Canadá (Gladstone Hotel, Toronto), Alemania (Arte Luise Kunsthotel, Berlín) e Irlanda (Cill Rialaig Arts Centre) y dos en España (St Regis Mardavall Mallorca Resort e Ibiza Gran Hotel).

Naturalmente, si la idea prende (y lo está haciendo como la estopa), tal pretensión equivaldría a querer poner puertas al campo. La prestigiosa editorial de guías de viaje Fodor’s reconoce que ‘existen ya montones de art hotels por el mundo’, bien sea consagrados a un solo artista o a varios, a un tipo concreto de arte o al diseño, y se resigna a formular su propia selección de una decena de ellos por todo el planeta. La etiqueta es golosa y, como era de esperar, algunos locales que dudosamente se atienen a los parámetros comúnmente aceptados se apresuran a autocalificarse como hoteles de arte: están proliferando como hongos. Otros, en cambio, que lo son de pleno derecho no incluyen la etiqueta en su rótulo comercial. He aquí algunos de los que podría considerarse como padres fundadores de la cosa:

En España

La plataforma Art Facts reconoce a dos hoteles en nuestro país: el St Regis Mardavall Mallorca Resort, situado a un par de leguas de Es Baluard (el museo de arte contemporáneo de Palma de Mallorca) y el reciente Ibiza Gran Hotel, que en sus 157 suites tipo loft y espacios comunes expone unas 400 obras; éstas fueron creadas a lo largo de dos años bajo la dirección de la galería mallorquina ABA Art Contemporari, que seleccionó a una treintena de artistas vinculados de alguna manera con el Mediterráneo para que crearan obras específicas para cada lugar. Entre los artistas no sólo figuran nombres locales y nacionales (como Toni Amengual, Toni Esteva, Antoni Llena, Tomeu Ventayol), también artistas internacionales que han trabajado en las Islas o en el entorno del Mare Nostrum.

Aunque estos dos hoteles son los únicos marcados por Arts Facts, es evidente que habría que incluir otros como La Residencia, también en Mallorca, que posee galería propia y organiza paseos guiados por estudios de artistas residentes en Deià; o, en Madrid, el Hotel Puerta de América, donde han intervenido arquitectos y artistas de la talla de Jean Nouvel, Zaha Hadid, Eva Castro, Javier Mariscal, Holger Kehne, Kathryn Findlay, Fernando Salas, etc. Cada piso ha sido diseñado por un artista, que lo ha dotado de un clima personal.

En el resto de Europa

El Arte Luise Kunsthotel de Berlín consta de un palacio clasicista del XIX y un anexo moderno (de 2003); cada una de sus 50 habitaciones han sido decoradas por un artista diferente, que recibe como pago un 5% de los beneficios que genere su habitación. Además, se puede ver y comprar arte en su espacioso lobby y en una sala de exposiciones propia. En París, el Hotel du Petit Moulin se aloja en una antigua panadería redecorada por Christian Lacroix, y el nuevo Fouquet’s de los Campos Elíseos también podría asimilarse a esta categoría. En Londres, el Pavilion Fashion Rock’n’roll Hotel es un local sui géneris o, como dicen los ingleses, algo cheesy (rozando lo kitsch), muy frecuentado por actores, músicos y estrellas del pop, y propone un tema en cada habitación (los años 70, África, evocaciones de la India). En Brighton, The Pelirocco es un hotel de mar bastante irreverente también, orientado como el anterior a las glorias del rock’n’roll, los años 50 y 60 y con guiños de tono sexy (como la habitación Love, diseñada por Absolut Vodka, o la Durex Play Room: ‘a burlesque, kitsch and sexy boudoir all into one’. En Copenhague, el Hotel Fox dio libertad a 21 artistas grafiteros para ocuparse de (¿o ensañarse con?) sus paredes.

En Asia

Asia cuenta con dos hoteles reconocidos bajo esta etiqueta. En Singapur, el New Majestic Hotel ha hecho diseñar sus 30 habitaciones a artistas que han elaborado enigmas que sólo el cliente puede descifrar (al tumbarse en el lecho o la bañera); otras veces, el propio huésped ‘forma parte’ de la obra de arte al ser abducido por espejos que cubren techos y paredes (como en la Suite Mirror). En Tailandia, el hotel Reflections, en el área de Soi, Bangkok, ha solicitado a diversos diseñadores locales que desarrollasen un tema en cada una de sus 30 habitaciones. Al otro lado del Pacífico, en Australia, el Henry Jones Art Hotel exhibe en sus lujosas instalaciones más de 250 obras originales de artistas emergentes de Tasmania; las obras se pueden adquirir a través de un catálogo que el hotel ofrece a los huéspedes.

En América

Aparte de los dos citados de Nueva York, el Hotel des Arts de San Francisco ha invitado a artistas locales, jóvenes e iconoclastas, a decorar sus 50 habitaciones; por ahora sólo 35 disponen de pinturas, que van desde algo parecido a los grafitti callejeros, con colores vibrantes y formas provocadoras, a delicadas evocaciones japonesas y orientales, pasando por instalaciones desconcertantes, que dejan la extraña sensación de que otro cliente esté ocupando la misma habitación; las painted rooms son más caras que las que aún no lo están. El Hotel Max, de Seattle, muestra en sus habitaciones y pasillos la obra de 34 artistas locales; cada planta desarrolla un tema a través de los trabajos de fotógrafos célebres, como John Marmstrong, Roniq Baranten o Charles Peterson. Si al cliente le gusta mucho su habitación, se la puede llevar entera, incluidos los cuadros, la cama, la televisión de plasma, etc. por 39.000 euros; sólo dormir es más barato: a partir de 155 euros. El Hotel Gladstone de Toronto, que reabrió en 2006, aparte de las obras exhibidas en sus paredes posee galería de arte propia y alquila estudios para artistas en su segunda planta. También el Palacio Duhau Park Hyatt de Buenos Aires une un palacio decimonónico y el nuevo edificio con un corredor subterráneo (Paseo del Arte), incluye en sus instalaciones una galería de arte asociada y es, desde todos los prismas, un magnífico hotel de arte.
La tendencia. Una ola que no cesa

A la nueva etiqueta no dejan de apuntarse hoteles por todo el mundo. He aquí otros que también se definen como ‘hoteles de arte’, exhiben o venden obras y cuentan, en su gran mayoría, con una galería de arte anexa:

CD City Art Hotel Salzburg (Austria)

Comfort Art Hotel Siru, Bruselas (Bélgica)

Art Hotel Navigli, Milán (Italia)

Art Hotel Novecento, Bolonia (Italia)

Gallery Art Hotel, Florencia (Italia)

Broohill Art Hotel & Sculpture Gardens (Reino Unido)

Art Hotel William, Bratislava (Eslovaquia)

The Art Hotel, Miami Beach (EE UU)

Naris Art Hotel, Pattaya (Tailandia)

Golden Tulip Art Hotel, Viena (Austria).


Fuente: Cinco Días

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