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El aumento de la esperanza de vida y el descenso de la natalidad son dos consecuencias del progreso en condiciones sanitarias y sociales del siglo XX. Y el resultado es que la pirámide de la población se está invirtiendo en el XXI.

En España por ejemplo, nacieron 14 millones de niños entre 1957 y 1977, en el llamado “baby boom”. La población era en su mayoría joven, y la figura demográfica correspondía a un triángulo. A partir de los 90, la base de la pirámide comienza a estrecharse, y en 2008 la curva poblacional ya se asemejaba más a un rombo. La inversión total del triángulo se calcula que llegará en 2050. Para entonces, los mayores de 60 años serán el principal grupo de población, algo nunca visto en la historia de la humanidad.

En Alemania, el mayor mercado emisor de visitantes a España, y el segundo mercado turístico mundial, el futuro resulta alarmante. Para mantener la actual tasa de dependencia, es decir, la proporción entre cotizantes y perceptores del sistema social, Alemania necesitará 188 millones de inmigrantes jóvenes hasta 2050, algo difícil de imaginar para un país de 80 millones en 2013. Y China se enfrenta a un futuro incierto demográficamente.

Una consecuencia negativa para el turismo puede ser que la población activa tenga que trabajar más horas y durante más años para mantener en pie el sistema. Y por lo tanto tendrá menos hijos y menos tiempo libre para el ocio. Lo positivo de este fenómeno es que está generando oportunidades lucrativas en la industria del turismo. En general se trata de un creciente público con criterio, dinero y tiempo disponible, y en algunas zonas de España ya hay mucha experiencia con este público.

El tratamiento del colectivo “mayor”, basándose simplemente en el status o en la movilidad, ya no será aplicable en el futuro. Las transformaciones tecnológicas, los cambios sociales y las modificaciones de valores (familia, sacrificio, trabajo, diversión, tolerancia), hacen que el consumidor mayor de 60 responda cada vez menos a un único patrón. El segmento senior está formado por turistas diversos que tienen intereses, actitudes y pautas de consumo turístico diferentes. Ni siquiera se consideran “mayores¨!

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En EEUU, país en rápido envejecimiento, ya se acuñan toda clase de términos para subdividir esta masa creciente de la población (selpies, grumpies, grampies, glemps…) Estudios turísticos europeos clasifican perfiles de consumidores mayores de 60 como “entusiastas”, “descubridores”, “relajados”, “culturales¨ o ¨pasivos¨, y los perfiles se solapan.

El sector turístico debería aprovechar las oportunidades de mercado de este grupo, ya que es un colectivo que crece progresivamente. Y previsiblemente. Están cada vez más dispuestos a viajar, se encuentran en mejores condiciones físicas e intelectuales, y tienen mayor capacidad adquisitiva. También son muy exigentes y tienen cada vez un mejor conocimiento y dominio de las nuevas tecnologías de información y comunicación. Se muestran deseosos de conocer culturas y personas, tener experiencias, aprender, recordar, olvidar. En definitiva, disfrutar de todas las facetas de la vida.

Estas oportunidades dan opción a la creación de nuevos negocios turísticos, y justifican un replanteamiento de infraestructuras existentes. ¿Envejecerá la industria del turismo tan bien como nosotros? ¿Cómo seremos?