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El ser humano contemporáneo vive, trabaja, aprende y se desarrolla en entornos laborales, domésticos y urbanos de alta complejidad. Los sistemas de percepción de la realidad que nos rodean no son los mismos que hace 30 años.

Pongamos algún ejemplo práctico: los móviles de última generación, tabletas y pantallas interactivas. Las usamos en todo momento y nos rodean cada día tanto en el hogar como en la ciudad, nos hemos acostumbrado a ellas y no solo nos permiten el acceso a una infinita oferta informativa y audiovisual con una elevadísima interactividad e inmediatez, sino que, además, condicionan tanto nuestro desarrollo personal y social como nuestra visión y comprensión del mundo. Observemos cómo el viaje a través de las redes se presenta en forma de experimentación más que de experiencia, el usuario descubre páginas y decide investigar enlaces en continua renovación (que luego se pueden recuperar) que llevan a otros enlaces esperando soluciones y, en numerosas ocasiones, contenidos sorpresa. El usuario utiliza la red, además, usando su creatividad para la producción de contenidos. Se ha modificado nuestra forma de entender el mundo y de relacionarnos con él. Interactividad, inmediatez, experimentación, sorpresa, renovación, creatividad, dejemos aquí estas palabras clave para recuperarlas más tarde.

¿De qué forma afectan estos cambios a la Industria del Ocio?

La contemplación pasiva y recreativa y el consumo de bienes culturales (deportes, cines, museos) han ocupado durante siglos el tiempo libre del ser humano en una dicotomía evidente entre Ocio y Cultura. Las fronteras entre ambos conceptos se han diluido desde hace medio siglo hasta ahora. Hasta hace no mucho, el ser humano en sus momentos de Ocio, buscaba sensaciones de descubrimiento, sorpresa y exploración que reflejaran su potencial y contribuyeran a su desarrollo personal… Sin embargo, el advenimiento de internet, las nuevas tecnologías de comunicación instantánea e interactiva y los vuelos low cost han añadido nuevas exigencias y están modelando una nueva forma de Ocio contemporáneo. En definitiva y resumiendo, el ser humano con tiempo libre quiere ser creativo, y espera cada vez más que la oferta de Ocio refleje su creatividad. La industria del Ocio no debe ser ajena a estas nuevas demandas si quiere seguir resultando productiva y rentable.

¿Cómo podemos aplicar dimensión creativa a la experiencia del usuario del Complejo de Ocio?

Recuperemos ahora las palabras que hemos dejado en espera hace un momento:

Interactividad: Ahora, además de sensaciones de inmersión y contemplación, en los Complejos de Ocio son necesarias sensaciones de experimentación e interactividad, de participación y toma de decisiones. No basta con un entorno atractivo: el usuario ha de poder usarlo, modificarlo y disfrutar de él.

Experimentación: El usuario de Ocio contemporáneo busca cada vez más experimentar, intentar combinaciones, sentirse libre para explorar y elegir la experiencia en cada momento. Como en las redes, la experiencia no debe agotarse en un solo entorno, la variedad y la posibilidad de elección en un Complejo de Ocio son claves para su éxito.

Inmediatez: La experiencia de Ocio rechaza aburridas esperas o espacios vacíos de experiencia. El correcto equilibrio entre los tiempos de disfrute y el adecuado dimensionamiento de las diferentes ofertas del Complejo de Ocio es fundamental para cumplir las expectativas del usuario.

Sorpresa: La variedad de efectos sorpresa en el Complejo de Ocio es clave de su éxito y rentabilidad.

Renovación: El cliente espera cambios a mejor, adaptaciones, nuevas tecnologías, nuevas posibilidades. El diseño del complejo de Ocio debe prever estructuras actualizables periódicamente.

Creatividad: El usuario busca en el Complejo de Ocio un reflejo de su propia creatividad, busca contenidos que denoten riesgo, anticipación e inteligencia.